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Graciela María,
nació un 3 de diciembre de 1946 en la ciudad de
Córdoba, Capital y actualmente reside en la
Localidad de Unquillo, Sierras de Córdoba.
(Argentina).
Es Licenciada en Psicología y Magíster en
Ciencias Sociales (títulos otorgados por la
Universidad Nacional de Córdoba) y su vida
profesional la ha desempeñado en los ámbitos
estatal y privado, dedicándose fundamentalmente
a la Gerontología e Investigación Social.
Cuenta con dos hijos y cuatro nietos.
Su vida se ha visto marcada por cambios
abruptos, con tantos logros como desilusiones,
los que han impulsado una búsqueda espiritual
madura, desafiando lo que ha considerado certero
en las vueltas de su rumbo...
Desde niña, tuvo afición por la música, el
canto, la prosa poética y la llamada "poesía
libre"; mientras que en los albores de su vejez
ha optado por la pintura y la comunicación
social; siendo la creadora de de la Web “Vida
Reflexion” ( http://webs.uolsinectis.com.ar/vida-reflexion/
http://vidareflexion.iespana.es/),
dedicada a la literatura en todos sus
géneros y al arte.
graciela_maria_vida_reflexion@yahoo.com.ar
gracielacasartelli946@hotmail.com

No eras para mí
Si lograste hacer tu mundo,
donde escondí mi cariño;
donde abrumé el sentimiento
y lo hice nulo…
Si mi paso
dio la huella equivocada,
dónde quedó mi impulso
solemne y sincero
que en voluntad empujara
lo que no era para mí.
Hoy, me arrullas sin saberlo.
Sonrío en tu risa.
Me mimas con tus miradas,
en tus gestos;
en tus actos confusos y discretos
indiferentes o falsos.
Buscas un momento del día,
para acariciar mis pensamientos.
Tú te haces imposible y desapareces;
y yo, vuelo en tu hechizo
hacia lugares desconocidos,
pero contigo…
Graciela María Casartelli

Íntimo
Tu rostro, el acercamiento de tu piel.
El roce ardiente.
El paulatino más cerca, en mi éxtasis.
Tus manos quitando mis ropas,
lentamente…
Sólo tu mejilla en mi mejilla,
el encuentro de las miradas,
tu frente, tus pestañas.
Intimidad tierna y suave.
Intimidad de sábanas tibias,
en una noche de invierno.
De acercarse a las brasas,
sintiendo en las espaldas,
el húmedo y helado rocío,
de los años idos.
Todo mi cuerpo aceptando
los contornos del tuyo.
Mis senos, el vientre, las clavículas,
se asentaban en tu cuerpo.
¡Tan hecho al mío!
Tus miradas ávidas, recorriéndome.
Tus manos sedientas, apretándome;
lo que siempre te había pertenecido.
Luego, tu cuerpo inclinándose,
tus formas fundiéndose
en mis formas.
La respiración entrecortada y
ese deseo de vivir,
sensaciones jamás conocidas,
jamás vivenciadas;
que había reservado para ti.
No conformarse con un beso,
no conformarse con nada,
esperando y
ansiando, algo más…
Te amaba… ¿Lo sabes?
Graciela María Casartelli

Mi veneno
¡Cuándo podré estar contigo…!
¡Cuánto sufro al no tenerte,
al no sentirte,
a mi lado.
Si supieras, mi corazón confundido
ya no quiere palpitar.
Me estoy destruyendo,
porque no vale la vida,
sin que estés conmigo.
¡Cuán grande es mi castigo!
Cada día en mi calvario,
mis lágrimas reprimidas.
Atada al sufrimiento de no tenerte
y saber que no volverás a mi alma.
Atada al dolor,
cuando destruyo en mi mano,
todo lo que me rodea;
porque tú no estás allí.
Yo conozco los daños
inexorables,
que acarrea mi destino.
Y sé que Dios no está
entre mis dedos.
Y sé que Dios,
no está en mis pasos,
ni alivia mi corazón.
Yo conozco de las gotas
que llenan mi copa
y temo el derrame del vino,
como el dique al cataclismo.
Yo sé que se precipitará
el derrumbe.
Lo sufro todos los días,
lo presiento todos los días.
Graciela María Casartelli

Tu querías
Tu querías que yo sintiera esto.
Me deseabas fuerte y segura;
sin desesperación,
risas ni lágrimas.
No me querías con emociones,
de niña inocente.
Ni cándida, ni fría, ni torpe.
Con un sentimiento tranquilo,
anegado de resignación y de nobleza.
Yo debía ser blanca, estoica y dura,
como el mármol.
Ahí me tienes.
Hoy siento como tú querías.
Mi alma envuelve el cariño tranquilo,
mi espíritu percibe,
sin picos altos ni bajos.
Hoy tengo la tabla tersa
de algo inmanente;
algo que todo lo tolera,
sufre y permanece.
Pero sabes, eso, lo que siento…
Eso que perdura sin altibajos,
resignado y valiente.
Eso inofensivo,
llamado afecto sin egoísmo;
eso que amor llamarías,
por su belleza…
Es también, el dolor.
El hambre de un pan,
que no tendré nunca.
Esa devoción,
es llaga abierta al destino.
Algo excelso;
cadenas al cielo y a los espíritus,
que vuelan libres,
hacia la vida…
Graciela María Casartelli

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