Paty Rodriguez

 

 

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Su nombre es Patricia. Romántica, soñadora, muy dulce y sensible. Natural de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México, nació un 4 de julio de 1952. Sus estudios alcanzaron el grado de Contaduría y un Secretariado bilingüe y posteriormente tomó cursos de baile y de guitarra.

En sus años tempranos se desempeñó en coreografía con una famosa casa disquera y perteneció a un renombrado grupo de rock, como cantante principal.

Recibió en sus años de escuela superior, varios reconocimientos y menciones como cantautora y escritora.

Hoy es madre de tres excelentes hijos, dos de ellos adultos y la menor, que comienza muy joven su vida como cantante, a nivel profesional.

Paty, como se le conoce entre sus allegados y familiares, comenzó a escribir desde los diez años, cosa que ha continuado hasta hoy, considerándose sus escritos como literatura romántica. Durante su crecimiento ya escribía la letra y música de canciones, en conjunto con sus poemas.

Sus temas favoritos para sus inspiraciones son variados; en ocasiones, se vale de la tristeza, mientras que en otras se inspira en la felicidad, pero le da suprema importancia al amor, que considera ser la cumbre del individuo y la verdadera meta del ser humano.

 

Su persona es humilde y le caracteriza su bondad hacia la humanidad, sin perder de perspectiva el trato especial hacia sus hijos y toda su familia.

Su caudal de escritos sobrepasa los cuatrocientos poemas y varias prosas poéticas, por lo cual tiene como meta, a largo plazo, la edición de un libro de sus obras poéticas y otros temas relacionados. Hoy Paty cuida de su precioso hogar. Su pasión es la poesía, y su hobby preferido es el diseño, aunque no es diseñadora profesional. En su tiempo libre se dedica a sus dos páginas Web: Atando Dos Corazones, donde nos comparte sus poemas. Y Dulzuras, en la que nos muestra su creatividad en el diseño.

Su carácter es amigable y se considera amiga de todos, incluso de aquellos que, por alguna razón, se alejaron, teniendo siempre su corazón abierto y su cariño dispuesto a ser entregado a todo el que llegue a su vida.
 

 
 
 
Dejar de amar…

 

Qué triste es dejar de amar, habiéndote amado tanto;
qué solo el camino queda, qué libertad tan vacía;
ya ni desear ni extrañar, todo queda en desencanto;
ni ganas dan de leer, o de escribir poesía.

Y mirándome al espejo, ni un gesto brota de mí,
ni ansiedad, ni frenesí, ni sonrisa, ni dolor;
toco mis labios y pienso… ya no hay antojo de ti…
ni siquiera aquellos besos que te daba con fervor.

Ya ni tus ojos que fueron, para mí, mi adoración,
pueden provocarme nada y, antes, lloré por ellos;
ya no hay nada que, de ti, pueda causarme emoción,
ni tus ojos, ni tus besos, ni tus plateados cabellos.

Se está empezando a borrar tu rostro en mi pensamiento,
pero ya no desespero, pero ya no siento nada,
un infinito vacío es lo único que siento;
alguna parte en mi ser, ha quedado mutilada.

Que triste es dejar de amar, habiéndote amado tanto;
que triste es haber perdido, por tu amor, esa adicción;
hay un vacío en mi pecho que es mi único quebranto,
creo que para olvidarte… ¡me he arrancado el corazón!



Tu turno

Olvida todo aquello que pasó entre los dos;
olvida las palabras que te dije al oído;
olvida aquella dicha que te ha brindado Dios;
olvida que para mí, fuiste lo más querido.
Olvida los detalles de infinita ternura
que con inmenso amor te ofrecí día a día;
olvida los momentos de exquisita locura
que en tu lecho vivimos y extrañas todavía.
Olvida aquellos besos, sí… de aquellos
que con pasión ardiente te brindaba;
olvida que tos ojos, para mí, eran tan bellos,
y olvida cuado tu cabellera acariciaba.
Olvida aquél mordisco en tu labio inferior
que con inmensa dicha disfrutabas;
olvídate del amor que llevé en mi interior
que con sólo ver mis ojos, tú notabas.
Olvida los paseos a la orilla del mar
en aquellas románticas cabañas;
olvídate de todo lo que te pude dar,
ese amor infinito en las mañanas.
Olvida las canciones que solía cantarte
y que tú disfrutabas extasiado de amor;
olvida todo lo que tenía para amarte
y siente, dentro de tu alma, el dolor.
Es tu turno de sentir lo que he vivido
al tener que olvidar lo que me diste;
hoy te toca sufrir lo que he sufrido;
es tu turno de llorar… pues me has perdiste.




Late, corazón…

No dejes de latir, corazón mío,
aunque lo necesite y lo extrañe;
mejor lloramos juntos un gran río
que llegue hasta su playa, y lo bañe.

Aunque desmayo ya sin su presencia,
ayúdame a vivir, para esperarlo;
no dejes de latir por esa ausencia,
déjame estar con él, para adorarlo.

Aunque me quiera yo morir, no te detengas,
no hagas caso de mis tristes depresiones,
necesito que seas tú el que mantenga
siempre vivas mis esperanzas e ilusiones.

Aunque me sientas llorar de desespero,
aunque me escuches gritar de cobardía
que para estar sin él, mejor me muero,
no hagas caso, sigue latiendo día a día.

Tus latidos serán lo que sostenga
este cuerpo que yace adolorido;
ayúdame a aguantar la cruz que venga,
dime que sigo viva, en tu latido.

Lo tengo que esperar, aunque me muero
porque el tiempo se me hace tan eterno,
es que lo necesito, ya lo quiero,
porque sin él, me siento en el infierno.

Cuando lea sus cartas, late fuerte
con sus palabras cual amorosos versos,
y vence, por favor, vence a la muerte,
que tu latido mueva el universo.

Conviértete en un cuenco de oro y plata
y recoge mis lágrimas lloradas,
ésas que lloro, de color escarlata
de mi sangre de amor, sangre perlada.

No dejes de latir, late muy fuerte,
late por él y déjame quererlo
y gana esta batalla con la muerte.
No me dejes morir, sin antes verlo.



No digas nada

Mírame, amor, así, de frente
con nuestros rostros en la almohada
y tu mirada transparente;
calla, por Dios, no digas nada,
que yo adivino, con tu brillo,
lo que me dice tu mirada.

En nuestro lar, nuestro castillo,
y cuando apenas amanece,
tu alma de hombre tan sencillo
al corazón me lo estremece,
y con tus ojos en los míos,
mis palabras enmudecen.

Y en esos ojos que parecen
lagos profundos y divinos,
juntos se abrazan y se mecen
llenos de amor, nuestros destinos,
porque Dios quiso que se unieran
en uno sólo, dos caminos.

Ya se refleja en tu cabello
el sol que asoma en la ventana;
con el fulgor de su destello
tu cabellera soberana
me enamora, me embeleza,
y es más hermosa la mañana.

Cómo te amo, vida mía,
soy tan feliz aquí, a tu lado.
es tuya toda mi poesía,
todo el amor que he generado;
es para ti mi vida entera,
eres mi dueño, mi adorado.

Calla, por Dios, no digas nada;
esta mañana te sentencio
a regalarme tu mirada
que con dulzura yo presencio.
Me estremece tu amor. Por Dios…
……………..guarda silencio


¡Cuánto te amo!

Te amo…
En la espera de ese amor tan prometido.
En la distancia que separa nuestras vidas.
En el pecado de querer lo que es prohibido.
En las dudas de promesas no cumplidas.
En la tristeza de saber que no eres mío.
En el placer de haber estado entre tus brazos.
En la dureza de tu corazón impío.
En la ternura que me brindaba tu regazo.
En la esperanza de volver a estar contigo.
En la pena que me causa tu mutismo.
En tu ausencia que me llega cual castigo.
En el dolor que me provoca tu egoísmo
En la sonrisa que me nace al pensarte.
En tu recuerdo que me eriza y me enloquece.
En la lágrima que brota al recordarte.
En el acto de amor que me estremece.
En lo sensible de mi alma que es tan terca.
En la terrible soledad que me dejaste.
En las ganas de tenerte siempre cerca.
En mi latido al recordar cuánto me amaste.
En la ternura de mirar tus ojos verdes.
En el temblor al evocar tantas caricias.
En el miedo que me da cuando te pierdes.
En tus palabras que no sé si son ficticias.
En el llanto, en el dolor y el sufrimiento.
En la agonía, en el grito, en el reclamo.
En la dicha que viví en tu aposento.
En lo que quieras tú… ¡Cuánto te amo!

©Paty Rodríguez







 

 

 

 

 

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