Con la costra
del tiempo arañándola toda,
ojivas
arrugadas,, descarados ojos que apenas ven
la luz.
La cruz sobre
la cúspide, achatada y mohosa
de guano
indiferente, dos razos de soporte
para palomas
de niebla. La puerta esta
cerrada
por su margen
se agitan eternos apurados.
Un mendigo
dormita en un hueco de hastío
viajando por
cristales y persiguiendo sueños.
Dos gigantes
la estrujan, verticales y altivos,
medianeras
pintadas cual cara de payasos
una iglesia
muy vieja con horario de credo,
el aldabón
golpea la angustia del silencio
y el mendigo
dormido aun sigue soñando.
Juan Carlos
Gatell.