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GUSTAVO
ADOLFO BÉCQUER
(1836-1870)
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Poeta Español del romanticismo (Siglo XIX), nació en Sevilla el 17 de Febrero de 1836. Su verdadero nombre era Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, pero prefirió el apellido de sus antepasados. Quedó huérfano muy pequeño, situación que marcó su niñez y su carácter. La melancolía de su espíritu, atormentado por su conmoción interior y por las dolencias, se vuelca brillantemente en su obra literaria por excelencia "RIMAS". |
A los 18 años de edad se mudó a Madrid, ciudad en
la que contrajo nupcias. Fue infeliz en su matrimonio con Casta a causa de que
el amor de su vida se encontraba en otra mujer. Falleció el 22 de diciembre de
1870 en Madrid, a causa de tuberculosis agravada por una profunda depresión. La
poesía de sus rimas es frágil, sensitiva y a veces muy tierna. Los temas líricos
que abarca son el Amor, el dolor y la muerte. Constantemente asaltado por un
sentimiento de desprecio hacia sí mismo, pero muchas veces colmado de júbilo por
efectos del amor.
El
Romanticismo literario español se caracterizó por tratar temas históricos
(preferentemente de la Edad Media), legendarios, y, Bécquer en particular,
intimistas.
Vida
y Obra
Nació
en Sevilla, hijo de un pintor y hermano de otro, Valeriano. También él mismo
practicó la pintura, pero, después de quedarse huérfano y trasladarse a
Madrid, en 1854, la abandonó para dedicarse exclusivamente a la literatura. No
logró tener éxito y vivió en la pobreza, colaborando en periódicos de poca
categoría. Posteriormente escribió en otros más importantes, donde publicó
crónicas sociales, algunas de sus Leyendas y los ensayos costumbristas Cartas
desde mi celda. Obtuvo un cargo muy bien pagado, en 1864, de censor oficial de
novelas. Hacia 1867 escribió sus famosas Rimas y las preparaba para su
publicación, pero con la Revolución de 1868 se perdió el manuscrito y el
poeta tuvo que preparar otro, en parte de memoria. Su matrimonio, con la hija de
un médico, le dio tres hijos, pero se deshizo en 1868. Bécquer, que desde 1858
estaba aquejado de una grave enfermedad, probablemente tuberculosa o venérea,
se trasladó a Toledo, a casa de su hermano Valeriano. Éste murió en
septiembre de 1870 y el poeta el 22 de diciembre, a los treinta y cuatro años.-

Rimas
Las
Rimas, una colección de setenta y seis poesías, publicadas al año siguiente
con el título inicial de El libro de los gorriones, poseen una cualidad
esencialmente musical y una aparente sencillez que contrasta con la sonoridad un
tanto hueca del estilo de sus predecesores. Formalmente son poemas breves en
versos asonantes, donde el mundo aparece como un conjunto confuso de formas
invisibles y átomos silenciosos cargados de posibilidades armónicas que se
materializan en visión o sonido gracias a la acción del poeta que une las
formas con las ideas. Se refieren a la emoción de lo vivido, al recuerdo, a
experiencias convertidas en sentimientos. También aparece el amor, el desengaño,
el deseo de evasión, la desesperanza y la muerte. Su pureza y humildad, junto
con su engañosa sencillez, suponen la "culminación de la poesía del
sentimiento y de la fantasía".
Las
Leyendas
Las
leyendas de Bécquer forman un grupo de dieciséis relatos aparecidos en la
prensa entre 1858 y 1864. Son, por tanto coetáneas a las Cartas literarias a
una mujer y anteriores a las Cartas desde mi celda. Entre 1858 y 1861 aparecen
hasta siete leyendas. Con anterioridad a la primera de las leyendas publicada, Bécquer
acometió la fallida empresa de la Historia de los templos de España, principal
muestra de su más juvenil creación.
Las
Leyendas son el conjunto de prosa becqueriana de mayor coherencia en cuanto a género
literario, estructura y temática. Y desde luego el de mayor envergadura. Porque
Bécquer está total y plenamente en cualquiera de sus escritos, pero son las
Leyendas junto con las Rimas, donde su cosmovisión poética da unidad a los
diversos escenarios, temas, personajes o fuentes. Desde el libresco exotismo de
El caudillo de las manos rojas, concebida y publicada con una Tradición india,
al medievalismo europeísta y españolismo de La Cruz del diablo, Los ojos
verdes, Creed en Dios, replegado hacia las zonas concretas de las tradiciones
toledanas, sorianas, y aragonesas. La catedral de Toledo –La ajorca de oro -,
el Monte de las Ánimas soriano, o las riberas del Duero, con sus ruinas románicas
–El rayo de luna -, los intrincados caminos del Moncayo o la iglesia sevillana
de Santa Inés, visitada por el alma de maese Pérez en busca de su viejo órgano.
Las
leyendas de Bécquer brindan cada vez que son leídas la misma sensación de
extrañeza y naturalidad a un tiempo que es el hondo secreto de su encanto.
Gustavo armoniza perfectamente la naturaleza con la fantasía. Toda esta armonía
se da también en las leyendas sorianas que son las que nos ocupan.
Los
poetas, los músicos, los filósofos del romanticismo fantástico, viven
amenazados de desembocar en la locura. Nerval, el de La mano encantada, tema que
tanto le gusta a Bécquer y que aparece, por ejemplo, en La promesa, muere loco
como Robert Schumann. Y Gustavo no llega a tanto –su vida es aún más breve-
pero su "alter ego" Manrique, el de El Rayo de Luna, sí que pierde la
razón. Bécquer le despide en su maravillosa leyenda identificándose con su
razón o sinrazón vital: " Manrique estaba loco; por lo menos, todo el
mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figura que lo que había
hecho era recuperar el juicio".

El
pincel de Bécquer para dibujar Soria en sus leyendas es magnífico, un ejemplo
claro de esto es el cuarto párrafo de La promesa, donde se puede apreciar el
trato del paisaje y de la luz:
"Así
transcurrieron algunos minutos, durante los cuales se acabó de borrar el rastro
de la luz que el sol se había dejado al morir en el horizonte; la luna comenzó
a dibujarse vagamente sobre el fondo violado del cielo del crepúsculo, y unas
tras otras fueron apareciendo las mayores estrellas".
Los
ojos verdes y El Rayo de Luna son las leyendas más alzadas al plano de la
fantasía, parecen variaciones musicales de un mismo tema. Incluso La Corza
blanca es esencialmente otra variación de ese mismo tema cuya formulación
previa esquiva Bécquer. El tema sería este: la metamorfosis de la mujer amada
o soñada en un elemento de la hermosura de la naturaleza, no precisamente de la
realidad.
En
La Corza blanca, leyenda que guarda el mayor parentesco aparente, porque su
sentido simbólico es absolutamente nuevo, con las metamorfosis clásicas, el
bellísimo animal se trasmuta en esquiva mujer y viceversa.
Y
el modo becqueriano de tratar, tanto lo central de la leyenda como lo
maravillosamente imaginada escena del baño de las corzas-ondinas, se situaría
mejor en un ambiente de hechicería medieval, de tradición nórdica, que en un
contexto ovidiano o renacentista.
"Yo
no sé si esto es una historia que parece un cuento o un cuento que parece una
historia ". Así empieza El Rayo de Luna. A todas las leyendas podría
aplicarse. La técnica de Bécquer consiste en procurar la máxima verosimilitud
y el máximo rigor estilístico y narrativo en lo fantástico. Y en dejar
siempre interpuesto un velo de misterio sobre lo real.
Pero
los dos mundos, nunca confundidos, sino el uno sobre o tras el otro. Bécquer,
el amoroso ilusionado y siempre desengañado, el enamorado que al mismo amor
adora, es también el contemplador incansable de los paisajes, personajes,
vestidos, pormenores de los campos, las calles, las gentes de Soria, con los
ojos soñadores bien abiertos ahora a la realidad.
La
leyenda que entre las cinco sorianas anda más cerca de ella es El Monte de las
Ánimas. Es la que ofrece más probabilidades de basarse en alguna conseja o
tradición local. Es también la leyenda más centrada en la ciudad. El monte de
las Ánimas está muy cerca de ella y aunque también lo está el escenario de
El Rayo de Luna, no se adentra en sus calles como la historia de Beatriz y
Alonso. Además el prologuillo con que se prepara nos presenta al propio Gustavo
viviendo y escribiendo en el mismo lugar en que acaeció y demostrando su finísima,
exacerbada sensibilidad para interpretar las voces de las campanas. Campanas de
noche de difuntos. Bécquer asegura en la presentación haberse basado en una
tradición oída hace poco en Soria, subraya la autenticidad de la espantosa
historia que con su banda "azul" como los ojos de Beatriz y el amor
propio de su primo puede hacernos pensar en alguna balada germánica. No hay
guante ni león, sino banda y perros, lobos, ciervos, culebras y... ánimas. Y
campanas, muchos toques de queda y agoreros o fúnebres dobles. El mundo de lo
real está dibujado con precisión y vemos a Gustavo deambular por las calles y
callejas de Soria o salir de caza o de paseo por el monte y volver de noche y
cruzar el Duero después de contemplar una vez más el claustro de San Juan.
"
La noche de difuntos me despertó, a no sé que hora, el doble de las campanas;
su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí
hace poco en Soria.
...
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas
veces la cabeza, con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón,
estremecidos por el aire frío de la noche".
Las Rimas y las Leyendas de Bécquer continúan editándose con regularidad y, aún hoy en día, constituyen uno de los puntos de referencia capitales de la literatura moderna española.-

Obra
Periodística
Escribía
líneas antes de la coherencia interna de las Leyendas. No puede hablarse de,
naturalmente, de coherencia, acerca de la labor de articulista de Bécquer,
periodista profesional y cultivador de casi todos los géneros existentes en la
prensa de la época. Desde la crónica de sociedad, al escribir, por ejemplo, su
Revista de salones –que describe la toilette de las damas de la aristocracia
madrileña de 1864- a la información del corresponsal en la inauguración del
ferrocarril del Norte, entre una gran mayoría de artículos descriptivos,
producto del apasionado fervor por la belleza plástica del cultivador de la
pintura y el dibujo y el enamorado del arte y la arqueología. Una descripción
que va siempre unida a un innegable subjetivismo, porque el intimismo
becqueriano traspasa las fronteras de la simple información. Y así serán
algunos de sus artículos periodísticos puros –Entre sueños, por ejemplo, de
1863- o algún artículo narrativo –Las hojas secas, ya aludido- textos
absolutamente básicos para adentrarnos en el mundo poético y vivencial de Bécquer.
Dentro
de este conjunto destacan, por distintas razones, tres series de trabajos: las
Cartas literarias a una mujer, dentro del ensayo sobre poética, las Cartas
desde mi celda y el conjunto de artículos sobre costumbres populares en
colaboración con su hermano Valeriano, de excepcional importancia para la
historia del reportaje periodístico español, pero que tal vez incidieron en el
creciente abandono por parte de Gustavo Adolfo del artículo narrativo, el
relato o la leyenda desde 1865 en que comienza la serie.
Para
analizar las circunstancias en que se produjo, retrocedemos hasta 1863, con la
llegada de los hermanos Bécquer a Veruela. Allí, según testimonia el propio
poeta, Valeriano, que está dibujando y pintando intensamente, "se fijó en
el estudio de las costumbres populares". En Veruela surgen, pues, al menos
en germen, sus primeros cuadros de costumbres aragonesas y sus dibujos sobre el
monasterio.
A
su vuelta a Madrid, Valeriano obtiene una pensión del Ministerio de Fomento de
10.000 reales al año para viajar por España dibujando escenas costumbristas.
Los cuadros de costumbres que realiza en tres años que dura la pensión (hasta
la revolución de 1868) serán luego solicitados para su publicación en El
Museo Universal. Y ese documento gráfico aparece entre 1865 y 1870, con lo que
en lenguaje actualizado podemos llamar pies de foto. Pero unos pies de foto de
carácter excepcional porque son redactados por Gustavo Adolfo.
La
serie se inicia el 11 de junio de 1865, con la publicación de El hogar,
comenzando con lo que él denominó bloque aragonés, con trece grabados y
textos en torno a Veruela y sus alrededores. Más hacen cuatro grabados y textos
sobre tipos y escenas vascas y dos sobre Madrid. En marzo de 1867 se inicia la
serie soriana, que cubre la totalidad del año indicado, estos son los Tipos
sorianos. La estrecha colaboración entre ambos continuará hasta la muerte de
los dos en 1870.