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DELMIRA AGUSTINI

(1886-1914)

Delmira Agustini fue la más destacada poetisa del Modernismo. Exuberante prestigio para cualquier escritora. Pero no para la crítica de Rubén Darío. El gran maestro la elevó hasta la cúspide de la literatura española. La comparó con Santa Teresa. En Pórtico, Darío la proclama como la única, desde la Santa, en expresarse como mujer.

Agustini, con el apoyo de su compatriota María Eugenia Vaz Ferreira, abrió las puertas a la poesía femenina. Cierto que tenemos el orgullo de tener sobre pedestales bien merecidos a varias notables escritoras que deleitaron nuestra literatura antes que ella. Pero esta joven uruguaya ignoró las barreras y narró sus sentimientos tal y como los sentía. Inadvertidamente - ¿quizás? - logrando lo imposible, la igualdad del género sin competir con el sexo opuesto.

Fascinación causó en sus lectores, entre los cuales se encontraban los más notables escritores en boga. A pesar de su extremado erotismo no existe una sola desfachatez ni vulgaridad en sus obras. Su forma y expresión poética es considerada a la par con la de los más distinguidos modernistas, los cuales se esforzaban al máximo por alcanzar la perfección. La musicalidad de sus versos también es obra de admiración. Y con respecto a la espiritualidad en la sensualidad, bueno, ahí Agustini se encuentra muy aventajada en una clase por sí sola.

Estudios de sus cuadernos prueban el esmero que desarrollaba en la purificación de sus obras. Su diversificación y proliferación también son destacables. Razones por las cuales han habido muchos entendidos en la materia quienes han afirmado que si hubiera tenido la oportunidad de madurar su talento unos escasos años más, hubiese matizado los ensueños de los ángeles.

La Personalidad de Delmira

Hay muchos estudiantes de Delmira Agustini que aseguran una doble personalidad. Algunos aclaman que tenía tres. Otros han llegado a la conclusión que durante la redacción de sus composiciones era poseída por algún ser del más allá. Definitivamente se comportaba muy diferente a los sentimientos que desbordaba sobre el papel.

Ofelia Machado, en su formidable estudio publicado en 1944, realizó ciertas entrevistas con personas que tuvieron la dicha de haber tratado con la poetisa. Machado nos relata que todas aquellas personas coincidían en describirla como un modelo ejemplar de la conducta correcta. Seria y a la vez muy amable, respetuosa siendo atenta y cordial, honrada sin ser avariciosa, simpática pero no burlona. Hacia su madre era sumo su respeto y su cariño, dijeron muchos que era tal la obediencia que llegaba al punto de demostrar cierta sumisión.

Con respecto a sus relaciones amorosas, sólo se le conocen dos ocasiones donde definitivamente Cupido acertó sus flechas doradas. La primera terminando antes de empezar. De la cual la poetisa quedo emocionalmente desbastada. Y la segunda con el hombre que sería el amor de su vida y su muerte, Enrique Job Reyes. Con él fue al altar después de un noviazgo de varios años. Terminando ella la unión matrimonial a los veintiún días. Pero no la relación amorosa. El divorcio se desarrollaba en las cortes mientras la pareja continuaba como amantes en citas a escondidas.

Quizás Delmira haya sido la mujer más cerebral, y sin duda espiritual, en describir las cosas del amor físico. Sin embargo, basándonos en los estudios de varios autores de gran talento y cierta relación con Agustini, es muy posible que Reyes haya sido el único hombre en su vida. No fue por falta de pretendientes, dicen que además de ser muy bonita y tiposa demostraba una gracia en su porte que deslumbraba a los hombres. Y eso es sin tocar el tema de la elocuencia o la narración. El Uruguay, mucho antes del resto del mundo, ya aceptaba el divorcio y el respeto hacia la mujer como persona. Y la familia, a pesar de ser conservadora, era adoración lo que tenían con 'La Nena'. No existía nada externo a su persona que le impidiera actuar de la forma que ella quisiera.

Durante el tiempo que duro el divorcio, como ya mencionamos, se siguió viendo con su ex-esposo. También demostró una pasión mucho más avanzada en sus cartas personales y algunos de sus poemas, con cierto descontrol pero no vulgaridad y mucho menos desfachatez. Se le notó un recelo, no común antes de su matrimonio, hacia su correspondencia que era toda su vida privada. Aun así, no se ha confirmado ninguna cita indiscreta excepto a las que acudía con Reyes. Estamos seguros que si hubiera sucedido, la prensa lo hubiera encontrado y divulgado.

Dicen que redactaba de noche, a la luz de una vela. O en el parque, al que gustaba ir de paseo. Según los comentarios del hermano, que Machado nos proporciona, también cuando tocaba el piano. Era común verla parar de tocar para escribir apresurada un verso o un poema entero. En 'El Rosario de Eros' el editor hace un recuento, aparentemente dictado por la familia, de la vida de Delmira. Es cierto que se nota un poco propenso a la exageración sentimental, pero si leemos entre las líneas, podremos captar muchos datos de la personalidad de la poetisa. Tal recuento se titula RUMBO.

Las Obras Literarias

Durante su vida, Delmira Agustini publicó algunas de sus poesías en revistas. La mayor parte de estas composiciones fueron redactadas en español con un pequeño pero significante repertorio en francés. Reunió varias de aquellas en español y añadió otras, creando los tres poemarios que vio realizar. Esto libros fueron:

El Libro Blanco (Frágil) 1907

Cantos de la Mañana 1910

Los Cálices Vacíos (Poesías) 1913

Después de su fallecimiento, el señor Maximino García, en colaboración con la familia de Delmira, preparó dos tomos de composiciones completas. En estos poemarios se recogieron muchas de las obras publicadas y otras que habían permanecido inéditas hasta entonces. Acción que causo cierta polémica. Ha pesar que apoyamos el criterio de respetar las publicaciones como las publicó la poetisa, recomendamos estos dos tomos por su actualización del idioma.

El Rosario de Eros 1924

Los Astros del Abismo 1924

Con el transcurrir de los años han surgido descubrimientos de obras que nunca se publicaron en los cinco libros ya mencionados. Algunas de estas composiciones las presentamos en la sección de otras composiciones en este estudio.

Muchas otras obras póstumas de variada exposición y profundidad han aparecido en años posteriores. Entre las de mayor significado y dignas de ser hojeadas por los futuros estudiantes de Delmira Agustini encontramos: Delmira Agustini por Ofelia Machado Bonet de Benvenuto. 1944.

 

La Vida de Delmira Agustini

La vida de Delmira Agustini se desarrolló dentro de un ambiente familiar destacado por excesivos mimos y adulaciones. La niña de la casa en una familia emocional, funcional y estable. Un caso típico en muchos hogares. Con la peculiaridad, y terrible dicha, que la niña era superdotada en cuestiones de la lírica, los pensamientos y las emociones. Y la insuperable desgracia de un presagio donde el destino le reservaba un encuentro trágico y fatal.

Nacida en Montevideo, ciudad capital de un país relativamente pequeño y algo conservador. Un país de excesivo respeto al prójimo en lo personal y a los derechos de las mujeres en lo general. Tal y como es hoy en este respecto, era entonces. De una madre de procedencia argentina, quien se enorgullecía en ser el horcón familiar y en no recatar en la adoración hacia su hija. Mientras que el padre se ocupaba de mantener la familia en una posición desahogada, sin complaserce con el segundo lugar en la idolatría hacia la niña. Debe de haber sido algo difícil para el hermano mayor por cinco años y otro único hijo del matrimonio.

La educación que recibió Delmira fue un poco diferente a la que reciben la mayoría de los niños en nuestros tiempos. No creemos que era la típica en su época tampoco, ya que esto hizo efecto de sorpresa entre sus contemporáneos. Y también sabemos que desde antes de aquellos tiempos Montevideo ha ofrecido buenos centros de educación. La madre le proveyó las enseñanzas básicas en su propia casa. El padre instruyéndola en la música y la pintura. Después de los diez años recibió clases privadas fuera de su casa. Estas instrucciones fueron en francés, pintura y música, materias que dominaría llegando a un nivel bastante avanzado.

No se puede decir que vivió en una urna de cristal. Delmira tenía algunas amigas, muchachas más o menos de su edad. Mantenía amistad personal con la escritora María Eugenia Vaz Ferreira, poetisa de un talento similar pero de forma diferente. También mantenía correspondencia con muchos de los escritores de la época.

A los veintidós años conoció a Enrique Job Reyes. En contra de los deseos de su madre se hicieron novios. Relación que duro unos cinco años terminando en matrimonio. Pero el matrimonio no fue tan afortunado. A los veintiún días Delmira retorno a la casa de sus padres. "No soportaba tanta vulgaridad". Comenzando ella los tramites del devorcio poco después y siendo firmado seis meses más tarde. Lo que es un poco difícil de comprender es que la pareja continuaba como amantes a escondidas durante todo este proceso.

Una tarde, en una de las citas con su ex-esposo, sucedió la tragedia. Reyes le disparó dos veces, falleciendo ella al instante. Acto seguido él se disparo, muriendo dos horas más tarde en el hospital. Y nacieron los rumores. La presa acudió al lugar de los hechos, sin escrúpulos ni decoro, tomando y publicando fotos indebidas. Se sabe lo que pasó, y se sabe algo de como fue, pero nadie ha sido capaz de relatar el ¿ por qué ?.

 

 

 

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