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Aquel viejo, viejo
vino
[Cuento.
Texto completo]
Gibrán
Jalil Gibrán
Hubo
una vez un hombre rico muy orgulloso de su bodega y del vino que
allí había; y también había una vasija con vino añejo guardada
para alguna ocasión sólo conocida por él.
El gobernador del estado llegó a visitarlo, y aquél, luego de
pensar, se dijo: "Esa vasija no se abrirá por un simple
gobernador".
Y un obispo de la
diócesis lo visitó, pero él dijo para sí: "No, no destaparé la
vasija. Él no apreciará su valor, ni el aroma regodeará su
olfato".
El príncipe del reino llegó y almorzó con él. Mas éste pensó:
"Mi vino es demasiado majestuoso para un simple príncipe".
Y aún el día en que su propio sobrino se desposara, se dijo:
"No, esa vasija no debe ser traída para estos invitados".
Y los años pasaron, y él murió siendo ya viejo, y fue enterrado
como cualquier semilla o bellota.
El día después de su entierro tanto la antigua vasija de vino
como las otras fueron repartidas entre los habitantes del
vecindario. Y ninguno notó su antigüedad.
Para ellos, todo lo que se vierte en una copa es solamente vino.
FIN
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