Primero una redacción, los que aprobaban, análisis de oraciones
y poesías, seis u ocho que las sabía.
En el aula, un calor tremendo y dábamos en un mismo momento
segundo y tercer año, éramos como cincuenta y pico.
Iba banco por banco dando a cada uno el tema de la redacción:
Carta a una prima, relato de mis vacaciones, etc.
Hasta que llegó a mi asiento y primero me dijo: Estuve pensando
en usted todas las vacaciones!. A lo que le contesté con una
sonrisa: No se hubiera molestado.
Mire cómo será que hasta pensé cuál sería la redacción que usted
tendrá que escribir, anote: EL DIA EN QUE EL SOL SALIO DE NOCHE.
De mi parte seguía fuera del colegio, seguía con mis asuntos por
resolver, a los que les daba mucho más importancia que a la
escuela, la que consideraba secundaria o diría terciaria en
orden de importancia.
Qué mal que estaba en ese momento!. Cómo no aproveché para, por
escrito, pedirle perdón y que tome en cuenta mí edad y
explicarle mi parecer respecto a la situación de estar dando
clases sentada sobre el escritorio.
Escribí una idiotez, de un eclipse, que no creo se dé esa
posibilidad en la realidad.
Salió un profesor entregando los permisos de examen, reprobó
como a cuarenta.
Le pregunté por el mío, a lo que me contestó: Sí no le traje el
permiso pase adentro que aprobó el escrito, se lo pregunté por
segunda vez y me hizo pasar. Entré como aquel marido que viene
de una parranda a las seis de la mañana.
Cuando me estaba por sentar, la profesora que parecía abocada en
el control de exámenes y planillas, me llama y con mí permiso en
la mano me dice: Lo felicito por el esfuerzo que hizo al
estudiar tanto, y aprobar tantas materias, lástima que lo tenga
que desaprobar. Qué le parece?.
Le contesté: Usted es la profesora, póngame la nota que
corresponda. La profe miraba el permiso, me miraba a mi y me
dice por fin: Qué le parece que le ponga?.
Sí le parece que desaprobé póngame un dos, quedó en duda hasta
que tomó la birome y me puso el dos, descontado que esa nota
hizo que repita el año.
Le di la mano, le agradecí, tomé el permiso, crecí en ese
instante diez años y me fui.
Qué insensata, qué pedido!.
De EL DIA EN QUE EL SOL SALIO DE NOCHE, aún no podía escribir
porque no habíamos llegado al 21 de Diciembre del 2012, cuando
los Mayas profetizaron que realmente ocurrirá dicho fenómeno y
lo más grande sería que todavía este vivo entre los pocos que
queden para empezar una nueva civilización.
- Perdón Profesora Marín, no nos daban los tiempos ni a usted ni
a mí!.
Señorita Marin: Ya tengo 61 años. ¡Que daría ahora por qué le
miren las piernas!
Hernan A Calvo
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