Ley de la
Correspondencia, ésta se basa en algo muy simple, de acuerdo a
lo que arrojes, será lo que recibirás.
Si haces o deseas el mal, no esperes recibir amor.
Te comento que con una cantidad de barro un gusano hace su casa,
pero también te hago saber que un hombre con una cantidad de
barro también puede hacer un gran castillo.
Y es el mismo Dios que hoy te nombre el que te da las dos
opciones para que tú elijas.
Un hombre es como un grano de trigo, que puede tener tres
posibles finales.
El primero: Ser utilizado como forraje y arrojado para ser
alimento del ganado.
El segundo: Ser molido con otros granos y ser transformado en
harina y luego en pan para alimento de los demás.
Y tercero: el más difícil de todos, ser enterrado en la tierra,
estar un tiempo con humildad, en las profundidades de la
oscuridad, de ahí sacar fuerzas y energías, luchar contra esta
oscuridad hasta germinar y salir a la luz de la vida, crecer y
nutrirse con el sol y las lluvias hasta tomar un gran vigor y
transformarse en una gran planta, que tendrá varias espigas con
miles y miles de pequeños granos.
Jesús es esta gran planta, y cada uno de nosotros somos uno de
sus granos de una de sus espigas, somos su templo donde esta
vivo por su gran amor hacia la humanidad.
Intentemos que ese grano permanezca en nosotros y vamos a haber
descubierto el Espíritu Santo, o sea Jesús dentro de nosotros.
Hernán A Calvo
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