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Encontrarlo de nuevo
de Paulo Coelho
Érase
una vez un pájaro, adornado con un par de alas perfectas y
plumas relucientes, coloridas y maravillosas. En fin, un animal
hecho para volar libre e independiente, para alegrar a quien lo
observase.
Un día una mujer lo vio y se enamoró de él. Se quedó mirando su
vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón
latiéndole más de prisa, con los ojos brillantes de emoción. Lo
invitó a volar con ella, y los dos viajaron por el cielo en
completa armonía. Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.
Pero entonces pensó:
-¡Tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!.
Y la mujer tuvo miedo. Miedo de no volver a sentir nunca más
aquello con otro pájaro. Y sintió envidia, envidia de la
capacidad de volar del pájaro.
Y se sintió sola.
Y pensó:
-Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no
volverá a marcharse.
El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día
siguiente, cayó en la trampa y fue encerrado en la jaula.
Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de
su pasión, y se lo enseñaba a sus amigas, que comentaban:
-Eres una persona que lo tiene todo.
Sin embargo, empezó a producirse una extraña transformación:
como tenía al pájaro, y ya no tenía que conquistarlo, fue
perdiendo el interés.
El pájaro, sin poder volar
ni expresar el sentido de su vida, se fue consumiendo, perdiendo
el brillo, se puso feo, y ella ya no le prestaba atención,
excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.
Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no
dejaba de pensar en él. Pero no recordaba la jaula, recordaba
sólo el día que lo había visto por primera vez, volando contento
entre las nubes.
Si profundizase en sí misma, descubriría que aquello que la
emocionaba tanto del pájaro era su libertad, la energía de las
alas en movimiento, no su cuerpo físico. Sin el pájaro, su vida
también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta.
-¿Por qué has venido, -le preguntó la muerte.
-Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo –respondió
la muerte-. Si lo hubieses dejado partir y volver siempre, lo
admirarías y lo amarías todavía más; sin embargo, ahora
necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo.
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