Eva luna
Isabel
Allende
C
onsuelo
no manifestó ninguna emoción. Siguió trabajando como siempre, ignorando las
náuseas, la pesadez de las piernas y los puntos de colores que le nublaban la
vista, sin mencionar el extraordinario medicamento conque salvó al moribundo.
No lo dijo, ni siquiera cuando empezó a crecerle la barriga, ni cuando la llamo
el Profesor Jones para administrarle un purgante convencido de que esa hinchazón
se debía a un problema digestivo, ni tampoco lo dijo cuando a su debido tiempo
dio a luz. Aguantó los dolores durante trece horas sin dejar de trabajar y
cuando ya no pudo mas, se encerró en su pieza dispuesta a vivir ese momento a
plenitud, como el más importante de su vida. Cepilló su cabello, lo trenzó
apretadamente y lo ató con una cinta nueva, se quitó la ropa y se lavó de pies a
cabeza, luego puso una sabana limpia en el suelo y sobre ella se colocó en
cuclillas, tal como había visto en un libro sobre costumbres esquimales.
Cubierta de sudor, con un trapo en la boca para ahogar sus quejidos, pujó para
traer al mundo a esa criatura porfiada que se aferraba a ella. Ya no era joven y
no fue tarea fácil, pero la costumbre de fregar pisos a medianoche, le había
dado firmes músculos con los cuales pudo finalmente parir. Primero vio surgir
dos pies minúsculos que se movían apenas, como si intentaran dar el primer
paso de un arduo camino. Respiro profundamente y con un ultimo gemido sintió que
algo se rompía en el centro de su cuerpo y una masa ajena se deslizaba entre sus
muslos. Un tremendo alivio la conmovió hasta el alma. Allí estaba yo envuelta en
una cuerda azul, que ella separó con cuidado de mi cuello, para ayudarme a
vivir. En ese instante se abrió la puerta y entró la cocinera, quien al notar su
ausencia adivinó lo que ocurría y acudió a socorrerla. La encontró desnuda
conmigo recostada sobre su vientre, todavía unida a ella por una lazo
palpitante.
- Mala cosa, es hembra -dijo la improvisada comadrona
cuando hubo anudado y cortado el cordón umbilical y me tuvo en sus
manos.
- Nació de pie, es signo de buena suerte -sonrió mi
madre apenas pudo hablar.
- Parece fuerte y es gritona. Si UD quiere puedo ser
la madrina.
- No he pensado en bautizarla -replicó Consuelo, pero
al ver que la otra se persignaba escandalizada no quiso ofenderla-. Esta bien,
un poco de agua bendita no le puede hacer mal y quien sabe si hasta sea de algún
provecho. Se llamará Eva, para que tenga ganas de
vivir.
- ¿Qué apellido?
- Ninguno, el apellido no es
importante.
-
Los humanos necesitan apellido. Solo los perros pueden andar por allí con el
puro nombre.
- Su padre pertenecía a la tribu de los hijos de la
luna. que sea Eva Luna, entonces.
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Isabel Allende nació en Chile en 1942. Tras el golpe militar de 1973 se
exilio en Venezuela, donde desarrollo una intensa actividad periodística en
medios gráficos y televisión. sus novelas "La casa de los espíritus", "De amor y
de sombra y Eva Luna", entre otras, la han convertido en una de las novelistas
latinoamericanas mas leídas del mundo, varias veces llevada al cine. Actualmente
reside en la costa oeste de los Estados Unidos. El texto está tomado de un
pasaje de la novela "Eva Luna", Editorial Sudamericana, 1987.-
- ¡Que sea bendecida la vida!

Lic. Lidia Silva Aguero
http://www.armonius.com.ar
Gracias
Ly por el cuento!!!
