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Háblame de papa de POLDY BIRD
Le daba miedo alzarte, tan pequeñita en
una cuna que parecía tan grande. Y yo le decía que no eras de
vidrio, qu
e no te harías añicos ni te quebrarías... "¿No ves la
fuerza que tiene tu niñita cuando te aprieta el dedo?", como si
temieras que él huyera, lo sujetabas con tu manito llena de
hoyuelos.
No se animó a bañarte él solo, pero sí lavó pañales sucios
cuando no pude hacerlo.
Y se levantó por las noches a entibiar la mamadera y a pasearte
en brazos cuando te dolían las encías porque cortabas los
dientes.
Vio tres veces La escuela de las hadas y La Cenicienta y Hansel
y Gretel porque te gustaba volver a ver cada obra de teatro
infantil.
Y le contagiaste la rubéola: a vos te atacó suave, la pasaste
saltando y corriendo... pero él estuvo una semana en cama,
colorado, con fiebre y dolor en los huesos.
Te ayudaba a construir castillitos de arena en la playa, en
cambio... sólo pudieron hacer una inexplicable cajita para
guardar clips con las quinientas piezas rojas y blancas de un
Rasti en cuyo prospecto se veían maravillosos edificios,
molinos y barcos "que cualquiera podía realizar siguiendo las
fáciles instrucciones adjuntas".
Te regaló un tambor con el que no lo dejaste dormir la siesta
durante dos meses. Y una guitarra que aún tocás a veces...
Te sorprendió haciéndote la rabona con una compañera, y se las
llevó a las dos a almorzar, arrancándoles la promesa de que no
lo repetirían.
Era el encargado de llevarte a los bailecitos y buscarte a las
tres de la madrugada, junto con un montón de chiquilinas que
repartía casa por casa.
Los chicos amigos tuyos lo llamaban por su nombre de pila y le
hacían confidencias. Amaba la juventud, el barullo, la música
atronando. Siempre
estaba prohijando a los que no tenían sólidos hogares, dinero
para entradas a los recitales, alguien con quien charlar.
-¿Ustedes vinieron a conversar con él o conmigo? -los
increpabas, doblemente celosa de unos y otro.
Mi papá, decías. Y eran dos palabras redondas y orgullosas,
llenas de luz y admiración. Todo lo sabe y todo lo resuelve.
Era verdad. Para todo tenía una explicación, y conocía los
engranajes y el motor de las cosas.
Nunca habló mal de nadie, pues pensaba que el que obraba mal
algún motivo profundo y doloroso tenía, y había que entenderlo y
ayudarlo.
Le interesaba todo: escuchaba con atención, se solidarizaba al
punto de no dejar desprotegido y solo a nadie que conociera.
Nunca se aburría. Se aburren los idiotas, decía, Yo siempre
tengo algo que hacer, que oír, que leer, que pensar, que
mirar...
Disfrutaba trayéndonos cosas que nos gustaban para que
supiésemos que estábamos en su pensamiento: ramitos de
violetas, chocolatines, medialunas todavía calientes, una goma
de borrar con olor a frutilla, hebillitas de mariposas...
Respondía a tus preguntas con largas explicaciones que te
cansaban, y solías pedirle Decime que sí o que no, pero no me
expliques por qué.
Nunca se alabó a sí mismo ni humilló a nadie.
No dejó cosas por la mitad.
Fue pacifista y pacífico, conciliador, arriesgado y emprendedor.
Pero creo que sus dos cualidades más bellas fueron su
generosidad y su ternura.
Sí, algún defecto tuvo. O
varios. Pero todos quedaban empequeñecidos por una estrella de
primera magnitud que brilló en cada instante de su vida: la
solidaria amistad.
No tendremos, hija mía, otro amigo como él: que nunca nos pidió
cuentas de nada y estuvo de nuestra parte siempre, sin poner
condiciones, ayudando primero, preguntando después.
Vos querías que te hablara de tu papá, del que le abrió la jaula
al jilguero como compinche tuyo, del que arreglaba tus líos con
profesoras iracundas y amigas ofendidas, del que murió cuando
tenías quince años, llevando en el baúl del auto el pan, la
leche y una lata de dulce que traía a casa. Del que te enseñó
que hay que buscar un "punto de referencia" para dimensionar
las cosas. Del que tenía la rara valentía de emocionarse sin
disimularlo y demostrar su cariño sin avergonzarse.
Bueno, así era.
El resto... lo ves en las fotografías, desde las que siempre
parece estar mirándote complacido y cómplice, tan feliz de que
seas su hija, y un poco extrañado, quizá, de que hayas crecido
tan a prisa…
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