La guitarra que esconde una historia de amor

Pedro Ureta cumplió con el sueño de su esposa: que el casco de su estancia tuviera la forma de ese instrumento musical. Quienes sobrevuelan la zona no dejan de asombrarse por la espectacular obra.



Todo es campo e inmensidad. Mucho verde, y unos cuantos animales dispersos, y en medio de la nada, aparece imponente y solitaria. Una gran guitarra, trazada únicamente por árboles.

Es el resultado de un sueño y una historia de amor, que compartieran allá por la década del '70, Pedro Martín Ureta y su esposa, propietarios de un campo ubicado a medio camino entre Adelia María y General Levalle.

A pesar de que la muerte quiso llevarse consigo este sueño, no pudo, por cuanto el empeño y la tozudez de Pedro pudieron más.

"Mi mujer fallece en el '77, Y fue para mí un momento en que me replantee una cantidad de cosas. Sentí que debía cumplir con lo que tanto quería ella, y que no pudo ver: esta guitarra". A pesar de estar solo y con cuatro hijos a su cargo decidió poner manos a la obra.

Sólo poseía unos cuantos bosquejos dibujados por su esposa, y en la mente todo lo hablado y anhelado entre los dos.

"Yo no tenía ni idea de cómo comenzar. Así que empecé a caminar, consultar a profesionales que para hacer esto me pedían cifras exorbitantes. Entonces lo descarté y comencé a pensar cómo hacerlo".

Pedro Ureta aclara una y otra vez que esta no es su obra, que sólo es el ejecutor y que su real autora es su esposa.

 

"Ella siempre hablaba del campo de su abuela que tenía forma de tarro lechero. Y tanto escuchamos y vimos de esto que a ella misma se le ocurrió plantar algo original para nuestro campo.

Así surgió la guitarra, sin que mediara algún interés particular o afición por este instrumento. "Salió de la nada. Ella me lo comentó, pero como yo estaba pensando más en otras cosas, esto quedó relegado”.

El devenir del fallecimiento de su compañera, le significó un replanteo en su vida, y fue como un homenaje hacia ella el plantearse el desafío de concretar su sueño.

"La guitarra" ya recorrió varios países. En Chile y Estados Unidos hay personas que poseen fotografías aéreas de esta obra inédita, dibujada en la tierra.

Los aviones de línea que a diario recorren el lugar, ya tienen marcado como un atractivo turístico este lugar.

Aun así su dueño no deja de sorprenderse y decir que jamás pensó en cómo se vería desde el aire. Y más aún, él jamás la miró desde el cielo. "Le tengo pavor a los aviones" acota.

Manos a la obra



En 1978, este productor agropecuario decide comenzar a trabajar. “Esto está en medio de La Pampa, no es nada fácil”, advierte con su tonada porteña.

"Cuando desistí de hacerlo con profesionales, tuve que transmitirles mi idea, que yo la tenía y tengo más que clara en mi cabeza, a los peones, a gente con escasos conocimientos, que me fueron ayudando".

Previo a ello Ureta hizo un estudio minucioso de la guitarra que lo fueron nutriendo de información.

"Empecé así a tomar distancias, y proyectarlas. Fijé un primer mojón en lo que sería el corazón de la guitarra y a partir de allí fui marcando el resto de las distancias".

"Me llevó como tres años hacer las mediciones y todo, y después los fracasos de poner los árboles, que se morían o eran comidos por las liebres", recuerda.

Las plantas eran tan pequeñas que apenas sobresalían del piso. "Me acuerdo que en ese tiempo me visitó mi primo y yo le conté de mi idea. El me dijo quién lo iba a ver. Y mirá ahora, todo el mundo está detrás de esta historia", dice.

Unos 2.500 árboles conforman las dos filas del contorno. En tanto las cuerdas están bien definidas con seis filas también de plantas que terminan en las clavijas de la guitarra. Al medio una estrella. Sobre este último detalle dice: "Yo no pensaba hacerlo, pero uno de los alambradores me sugirió agregarla. Según mis cálculos tenía que ser un poco más chica, pero quedó así".

Esta crítica a su obra pone de manifiesto el espíritu perfeccionista de este descendiente de vascos.

Sobre la elección de las especies arbóreas insistió: "Primitivamente en los bosquejos de mi señora, había un contraste. Íbamos a poner, cipreses lambertianos, y el pino de piña, pero a éste no lo pude conseguir en volumen. Entonces finalmente me decidí y puse todo ciprés para hacer el contorno", subrayó.

Lo que falta

Aunque la obra parece concluida, para su realizador queda mucho por hacer.

"Con esto me pasa que hay momentos en que le pongo toda la voluntad y me preocupo, trabajo, y en otros que la abandono. Este año, no sé porqué, me agarraron las ganas de terminarla de una vez por todas", señala.

Queda pendiente la casa principal, que aún, no existe y que según su dueño, es desproporcionada a su realidad económica. "Para completar esto tengo que pensar en algo bien criollo, y eso cuesta".

Habla de su campo y sus palabras transmiten todo el cariño que tiene por ese pedazo de tierra que recibiera como herencia familiar.

Nunca estoy conforme, siempre veo algo que no lo hice bien, por eso cuando me muestran una foto y aparece tan perfecta no lo puedo creer".

y dice que cuando haga una segunda va a ser mejor, porque "aprendí a hacerla".

Por años la historia de esta guitarra y su concreción fue toda una incógnita, a tal punto que algunos hasta armaron leyendas sobre su realizador. "Decían que el que la había hecho era una persona que se ganaba la vida tocando la guitarra. Nada más lejos de la verdad", dice sonriendo Ureta.

Hoy los aviones de línea que recorren esta zona anuncian por los altoparlantes; “Señores, a su derecha una obra increíble, el campo guitarra”.

“Yo aún no alcanzo a dimensionar esto”. Y recuerda una anécdota sobre este reconocimiento que pesa sobre su campo.

 

"Mi hija es profesora de chicos con capacidades especiales en Chile. Una vez en un vuelo estaba charlando con el piloto del avión, y le comentó que era de

Buenos Aires pero que tenía un campo en Córdoba. Inmediatamente esta persona le hizo referencia a la guitarra. Cuando me lo contó no lo podía creer".

Sólo por tierra

Pedro reconoce su temor a los aviones. Por eso nunca pudo contemplar su obra desde el aire.

“En Levalle me ofrecieron un ultraliviano, y hay veces que me cargo de coraje y me acerco, pero cuando estoy frente a la máquina me pego la vuelta".Vuelve sobre las fotos y dice:

"No sé. No te podés imaginar la sensación rara que me produce verla así".

Agrega: "Yo en mi cabeza la tengo bien dibujada, tengo presente los bosquejos que hizo mi mujer".

A Pedro hoy le embarga la ansiedad por terminar pronto su trabajo, pero a su vez parece no querer hacerla.

"Me hace acordar cuando más joven vivía en Madrid, y me estaba muriendo de hambre. Conocí a un bohemio que pintaba muy bien y que no vendía sus cuadros porque nunca los terminaba, Claro, no se bancaba las críticas. Y creo que a mí me pasa más o menos eso. Por lo menos tengo la excusa dé decir "bueno pero me falta talo cual cosa", señala.

"Mi esposa la soñó y hasta estudió dibujo para hacer los bosquejos y nunca la pudo ver terminada", vuelve a decir Pedro Ureta.

Dice a su vez que nunca imaginó cómo: se vería la guitarra desde el cielo.

Pero tal vez su inconsciente pudo más. Y la guitarra se muestra imponente mirando hacia el infinito. Allí donde los creyentes dicen que van las almas de quienes dejan esta tierra. Donde seguramente está la de su esposa, que contempla desde lo alto su sueño impreso en la tierra.

 

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