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La trama
Jorge Luis Borges
(Micro-relato)
Para que su horror sea perfecto, César,
acosado al pie de la estatua por lo impacientes puñales de sus
amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto,
su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú
también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético
grito.
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