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LÉMURES
L
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El
pueblo es un desierto habitado por almas furtivas, ocultas en las mortecinas
luces de las ventanas, sintiendo el recelo de desafiar una obscuridad que
tiene algo de paz y mucho de solapado mal augurio.
Efectivamente,
algo hay en el aire que no es bueno. Será que, por estos días de mayo, todos
por aquí sabemos que la llanura comienza a conjurar lémures para practicar
sus macabros pasatiempos de invierno...
Un
viejo asoma su nariz y rápidamente se refugia entre las tenues paredes de su
casa.
©
Juan José Mestre