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Leyenda china. Hermann Hesse
(Micro-relato)
Esto
se cuenta acerca de Meng Hsie.
Cuando supo que últimamente los artistas jóvenes se ejercitaban
en colocarse cabeza abajo, decían que para ensayar una nueva
visión, inmediatamente Meng Hsie practicó también este
ejercicio. Y después de probarlo un rato declaró a sus
discípulos:
-Cuando me coloco cabeza abajo se me presenta el mundo bajo un
aspecto nuevo y más hermoso.
Esto se comentó, y los jóvenes artistas se ufanaban no poco de
que el anciano maestro hubiese respaldado así sus experimentos.
Se sabía que apenas hablaba, y que enseñaba a sus discípulos no
mediante doctrinas sino con su simple presencia y su ejemplo.
Por eso sus manifestaciones llamaban mucho la atención y se
difundían por todas partes.
Poco después de que aquellas palabras suyas hubiesen hecho las
delicias de los innovadores y sorprendido e incluso indignado a
muchos de los antiguos, se supo que había hablado otra vez.
Contaban que había dicho:
-Es bueno que el hombre tenga dos piernas, porque ponerse cabeza
abajo no favorece la salud. Además, cuando se incorpora el que
estuvo cabeza abajo el mundo se le representa doblemente más
hermoso que antes.
Estas palabras del maestro escandalizaron a los jóvenes
antipodistas, que se sintieron traicionados o burlados, y
también a los mandarines.
-Tal día dice Meng Hsie tal cosa, y al día siguiente dice lo
contrario -comentaban los mandarines-. Es imposible que ambas
sean verdaderas. ¿Quién hace caso del anciano cuando le flaquea
el entendimiento?
Algunos fueron a contarle al maestro lo que decían de él tanto
los innovadores como los mandarines. Él se limitó a reír. Y como
sus seguidores le demandaran una explicación, dijo:
-La realidad existe, pequeños míos, y ésa es incontrovertible.
Verdades, en cambio, es decir, opiniones acerca de la realidad
expresadas mediante palabras, hay muchas, y todas ellas son tan
verdaderas como falsas.
Y por mucho que insistieron, los discípulos no consiguieron
sacarle una palabra más.
FIN
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