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volverán a encontrarse en el Cielo. Pasan los años
y ella espera, espera... Espera que Dios la llame. Ahora es una
viejita. Está atravesando la Plaza de su barrio. De pronto -en
el crepúsculo tocan las campanas del ángelus- ve entre los
árboles a Luis, que se acerca a paso lento. (No es Luis: es un
joven de la vecindad muy parecido al recuerdo que Etelvina
conserva de Luis.) Etelvina ve al joven Luis y está segura de
que él, a su vez, la ve a ella también joven. "Esta plaza,
piensa, aunque se parece mucho a la del barrio, tiene que ser
una plaza del Paraíso". Y sin duda allí van a reunirse porque,
por fin ¡qué felicidad! ella acaba de morir. El grito de un
pájaro la resucita, vieja otra vez.
Enrique Anderson
Imbert
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