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 Desván de Rincón del  Poeta

 

Juan José Mestre

 

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Redes

Y tus redes me llevaron a la maraña
que atrapa en la noche
con tu cuerpo, tus senos, tus manos,
la azul fragancia del lecho.

Y en el lecho fui el prisionero loco
que desecha la libertad,
que adora el cautiverio,
las redes y las trampas
que no lo dejan
más que para sumergirse
una y mil veces en la telaraña
que los sentidos aceptan
sin más que la nostalgia que quedó
de la última vez que caí en el
suave calor de tus brazos...

Tú sigue con tus redes...
No puedo resistirme,
ni tampoco lo pretendo...

Si tengo el azul de tu sexo
para sumergirme en los insondables
vericuetos
del Universo todo...!

 

Misión

Por supuesto que estoy para adorarte,
para decirte mil palabras subyugantes,
para trocar la luna por tu piel
morena,
 

 para que tu cuerpo todo sea una
melodía apasionadamente suave,
salada, con acordes de mar embravecido,
con fragancias de otros mundos,
con formas de los trigales que asemejan tus
pasos...
Quiero hacer de tu cuerpo una melodía,
y no me doy cuenta que fue Dios quién lo hizo
mientras 
yo sólo tengo la hermosa misión
de adorarte eternamente...



Ocaso

El ocaso estalla en mil fulgores torturados.
La noche nace en fantasmas con tu rostro.
El llanto se adueña de la pérdida.
No queda nada más.
Nada.
Absolutismo para un término absoluto.
Sólo una brisa lacerante que me traspasa el cuerpo.
No hay más que tu ausencia
huyendo entre la bruma.




Gritaré

Bebe mi tristeza y luego huye,
mujer, que es tan poco
como esto que me acosa
de agonías
lo que para darte tengo.

Unos jirones de aliento
que se mezclan con el agrio
de la hiel y de los hielos,
cosecha de los inviernos perdidos,
y tan sólo el dolor
de no poder soñar ni con tus ojos.

Huye de mí.

No hay remedio.

Quiero que transites
por prados que me son ajenos,
porque todo mi ser
es un aquelarre de negros y de grises.

Y sólo tengo un camino:
el perderme entre la niebla.



Instante

Sereno, tierno, arrullador,
miraré tu rostro, tus ojos,
tus manos,
tu cuerpo todo
y me preguntaré si importa el mañana
cuando hoy, ahora mismo,
en este instante,
tengo todo tu amor
y la vida fluye como manantial
de oro,
y si este instante que me sirve
para amarte toda,
sin premuras ni amenazas
de futuros sombríos,
se transforma en eterno,
qué poco importa nada...
Quiero este instante dorado
en el que puedo verte a mi lado...
 


Que el tiempo me regale tu presencia...

Loco de nostalgia...
vago por el mundo...
arrastro mis fantasmales sombras
del pasado que no vuelve...
y mis esperanzas ¿vanas?
de que el tiempo
te arranque del futuro
para traerte a mi presente,
ponga tu mano en la mía
y nos empuje al viento
para que volemos los dos...
...y las flores cubran el cielo
de perfumes inquietantes
para que sepa
que estamos otra vez juntos
y que no es un sueño...


Te veo dormida 
 
Te veo dormida y no quiero ,
que la espiral del tiempo
 siga con su vorágine de instantes
 que se me escapan de las manos...
Te veo dormida y caigo de rodillas
 a tu vera para contemplar lo eterno
de tu cuerpo joven... .
 Te veo dormida y me detengo en la nada
que el éxtasis me propone...
Te veo dormida y ruego para que la ternura
 de tu cuerpo calmo.
se quede así, para siempre,
con tus meandros suaves invitando
a que las estrellas
sigan el tenue aroma a rosas
que la noche nos regala porque si...
 



Biografía
de Juanjo Mestre

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