Te
odio con el odio de la ilusión marchita:
¡Retírate!
He bebido tu cáliz, y por eso
mis
labios ya no saben dónde poner su beso;
mi
carne, atormentada de goces, muere ahita.
Safo, Crisis, Aspasia, Magdalena,
Afrodita,
cuanto
he querido fuiste para mi afán avieso.
¿En
dónde hallar espasmos, en dónde hallar exceso
que
al punto no me brinde tu perversión maldita?
¡Aléjate! Me invaden verguenzas
dolorosas,
sonrojos
indecibles del mal, rencores francos,
al
ver temblar la fiebre sobre tus senos rosas.
No
quiero más que vibre la lira de tus flancos:
déjame
solo y triste llorar por mis gloriosas
virginidades
muertas entre tus muslos blancos.
Sonetino
Alba
en sonrojos
tu
faz parece:
¡no
abras los ojos,
porque
anochece!
Cierra -si enojos
la
luz te ofrece-
los
labios rojos,
¡porque
amanece!
Sombra en derroches,
luz:
¡sois bien mías!
Ojos
oscuros:
¡ muy buenas noches!
Labios
maduros:
¡muy
buenos días!
Noche ártica
En
el cenit azul, blanco en el yerto
y
triste plan de la sabana escueta;
en
los nevados témpanos violeta
y
en el confín del cielo rosa muerto,
despréndese la luna del incierto
Sur,
amarilla; y en la noche quieta,
de
un buque abandonado la silueta
medrosa
se levanta en el desierto.
Ni un rumor... el Silencio y la
Blancura
celebraron
ha mucho en la infinita
soledad
sus arcanos esponsales,
y el espíritu sueña en la ventura
de
un connubio inmortal con Seraphita
bajo
un palio de auroras boreales.
Abanico
Flamean
coruscantes las chaquetillas,
la
luz sobre las ropas tiembla y resbala,
y
fingen pirotecnias las banderillas
y
auroras las bermejas capas de gala.
El sol arde en los gajos de las sombrillas,
el
clarín su alarido de muerte exhala,
y
el diestro, ante los charros y las mantillas,
a
la bestia que muge brinda y regala.
En tanto una damita, toda nerviosa,
se cubre con las manos la faz hermosa
que
enmarcan los caireles de seda y oro,
y entreabre en abanico los leves dedos,
para
ver tras aquella reja, sin miedos,
cómo brota la noble sangre del toro.
Si una
espina me hiere
¡Si una espina me hiere, me aparto de la
espina...
pero no la aborrezco!
Cuando la mezquindad envidiosa,
en mí clava los dardos de su inquina,
esquívase en silencio mi planta, y se
encamina
hacia el más puro ambiente de amor y caridad.
¡Rencores! ¿De qué sirven?
¿Qué logran los rencores?
Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores
y no prodiga savias en pinchos punzadores:
Si pasa mi enemigo cerca de mi rosal
se llevará las rosas de más sutil esencia,
y si notare en ellas algún rojo vivaz,
¡será el de aquella sangre
que su malevolencia de ayer,
vertió, al herirme con
encono y violencia,
y que el rosal devuelve, trocada en flor de
paz!
En paz
Muy
cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque
veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que
si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles
sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre
rosas.
Cierto,
a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé
sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé,
fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Gratia
Plena
Todo en ella encantaba, todo en ella atraía
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar...
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!
Ingenua
como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como Margarita sin par,
el influjo de su alma celeste amanecía...
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!
Cierta
dulce y amable dignidad la investía
de no sé qué prestigio lejano y singular.
Más que muchas princesas, princesa parecía:
era llena de gracia como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!
Yo
gocé del privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar
y cadencias arcanas halló mi poesía.
Era llena de gracia como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!
¡Cuánto,
cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía;
pero flores tan bellas nunca pueden durar!
¡Era llena de gracia, como el Avemaría,
y a la Fuente de gracia, de donde procedía,
se volvió... como gota que se vuelve a la
mar!

Biografía

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Paul
Mauriat
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