Llueve
en el alma
con una llovizna que no moja
pero enfría los huesos,
entumece las manos
y deja un sabor amargo
casi metálico en la boca.
No hubo diferencia notable
por este cambio de calendario
que anuncia futuras ruinas.
Solo la vida que pasa lenta,
inexorable, sin pausa
y me encuentra
alerta ante el canto de la calandria,
esta madrugada,
insomne y sola.