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Disfruto la ciudad
desperezándose en la
mañana.
Desde este mirador
que circula lentamente
disfruto de la visión
espontánea de las luces,
los transeúntes
moviéndose como hormigas
que se pierden
laboriosas
en el horizonte.
Amo las casas antiguas
con enormes puertas
talladas
importantes balcones
barandas de hierro
forjado
con flores y arabescos
donde nacieron amores,
donde mueren los
secretos.
La mirada se me pierde
en las ventanas furtivas
pensando en que haría yo
si esa casa fuera mía.
Molduras, arcos, escudos
y algunas privilegiadas
con la estatua de un
ángel
que se inclina
bendiciendo
esos muros que lo cobijan
desde vaya a saber
cuanto tiempo.
Imagino jardines,
glorietas y enredaderas,
y detrás de aquellos
muros
fantaseo cada día
como seria la vida que
yo tendría
de vivir otra vida que
no es mía.
Pero la realidad es otra
y mansamente me pierdo
nuevamente entre las
sombras.
Y en esta vida absurda
muero y renazco cada día
y al iniciar el alba
despierto y soy la
misma.


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