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Encontrarte
en una mañana de
verano
con la misma
sonrisa
y los dulces
ojos del hombre
que me enamoré.
Y el tiempo nos
devuelva
momentos
perdidos,
soledades,
desencuentros,
se borren las
palabras,
que no eran de
amor...
sino reproches.
Y mi corazón
endurecido
se llene de gozo
con cada latido
renovando
arterias rotas
por el dolor
de tanto olvido.
Cada célula del
cuerpo
te disfrute como
fruta madura,
agotando mi sed,
mi hambre de
vos,
de tus caricias.
Y dejes de ser
ese extraño
que de
casualidad me crucé
en la calle
y cortésmente me
devolvió el
saludo.
Cris Carbone

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