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Paso un tiempo importante viajando en colectivo, en él he escrito la mayor parte de mis últimos poemas. También me fascina mirar casas antiguas, sus fachadas, rejas, molduras e imágenes talladas. Quizás  esto hace que no sea tan monótono el llegar a mi trabajo.                

Buenos Aires tiene cada vez menos casas antiguas, muchas hoy tienen sus puertas y ventanas tapiadas para que no las ocupen, están descuidadas pero son tan bellas.

Hoy, en ese juego de ver con los ojos del alma, detuve mi mirada en una plaza, la estaban remodelando y lucia un cartel que decía: “Obra finalizada”. El arreglo consistió en haberle puesto rejas y cambiar el piso de polvo de ladrillo rojo por asfalto. Además la puerta estaba cerrada con un grueso candado, así que debe tener un horario, si alguien tiene ganas de sentarse a disfrutar del canto de los pájaros o mirar las flores tiene que ser en una hora determinada. Resulta que ahora hay que tener una hora exacta para soñar.

Recordé a mis hijos jugando en ella y en una sucesión de imágenes retrocedí a otros tiempos: era pequeña y me encantaba hamacarme parada. Siempre iba a la misma y quería alcanzar un árbol, siempre el mismo árbol, mi árbol. Era la niña que más alto llegaba, pero pese a mi esfuerzo nunca lo conseguí. No me daba por vencida y al día siguiente volvía con ansias renovadas y lo intentaba una y otra vez. Nunca tuve miedo y hoy adulta me doy cuenta que fue un juego peligroso.

El no haber llegado a alcanzar nunca “mi árbol”, que no esta mas,  ni tampoco la hamaca porque los sacaron cuando agrandaron la Gral. Paz en pos del progreso, no me dejó “huellas traumáticas”, si este recuerdo hermoso que hoy evoco mientras se desliza suavemente una lágrima por mi mejilla.

Me pregunto en que momento de mi vida olvide ese deseo de alcanzar otros “árboles” por miedo a lastimarme. ¿Cuándo o donde perdí la valentía que tenia a los 8 años?.

Siempre nos mandamos mails, con bromas, información no dudo que a veces importante o cadenas algunos, pero no sabemos nada el uno del otro.

Quizás algunos me conozcan y saben que soy Cris,  dos hijos y una Web “Rincón del Poeta”, pero hoy quería contarles que una vez hace mucho tiempo, quise alcanzar un árbol desde un columpio, nunca lo logre y era feliz porque tenia el cielo en las manos.

Les pido que no lean este escrito desde lo literario, adolece de muchos errores y no se olviden que lo escribí en un colectivo, solo les pido  que lo lean con el corazón. Quizás ustedes tengan su propio "árbol" y quieran compartirlo...  

                       

Cris Carbone


 

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