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Siempre
juntos
tomados
de mis
manos
a veces
jugando,
otras
peleando
compitiendo
por mi
amor
sin
saber
que era
inconmensurable
y
alcanzaba
para los
dos.
Los
miraba
en el
jardín
en esos
juegos
mágicos,
absurdos
e
incomprensibles
para
nosotros
los
adultos
que casi
perdimos
esa
ingenuidad
de la
infancia.
¡Cuantas
veces
sentí
envidia!
¿Como se
debe
sentir
tener un
hermano?,
siempre
me
preguntaba.
Romina
sonriente,
atenta
lo
vigilaba
que no
se
caiga,
no se
lastime
era la
mayor y
él
era
travieso,
"la
reencarnación
de
Tarzán",
lo
llamábamos,
porque
de los
árboles
vivía
trepado.
Sin yo
saberlo,
siempre
me
observaba
cuando
me
maquillaba,
fui esa
chispa
que
alimentó
la que
hoy es
su
profesión.
Serena,
alegre,
estudiosa,
responsable
fue
siempre
como una
brisa
suave.
Maxi
activo,
rebelde,
pidiendo
todo
hasta un
caballo
quiso
que le
comprara.
Un
torbellino
que
entraba
avasallando
mi
paciencia,
a veces
no podía
encontrar
las
palabras
para
calmarlo...pero
lo amaba
tanto.
Tenia
siempre
ese
brillito
tan
especial
en sus
ojos
de
niñito
alegre,
travieso y
despreocupado.
Y no
puedo
olvidar
cuando
les
cantaba
la
tortuga
Margarita,
las
gomitas
de
azúcar
en la
cama
mirando
tele,
vinieron
después
los
primeros
bailes,
los
amores,
los
desengaños.
Y si,
iban
creciendo...
y ahí se
me
pierden
incontables
momentos
compartidos
donde
sin
saberlo
los
sentí
míos.
Ya se
que son
de la
vida,
eso al
menos
repetía...,
¡Pero
eran
míos!.
Es
un amor
que
hecha
raíces
en el
corazón
que no
se
termina
acá...no
tiene
tiempos.
La vida
tiene
esos
secretos,
que se
aprenden
solo
cuando
es el
momento
recién
hoy
puedo
comprender
lo que
debe
haber
sentido
mi
madre.
Solo
quiero
decirles
con mis
versos,
a lo que
mas amo
en la
vida, a
mis
hijos,
que
estoy
aquí
para
abrazarlos
cuando
sientan
necesidad
de mi
regazo.
Y cuando
no este
físicamente,
también
estaré
presente
en cada
uno de
los
momentos
que amen
a sus
propios
hijos
en
alguna
frase o
un
consejo
aprendido.
Porque
nunca
olvidarán
el amor
que les
enseño
su
madre.

11/9/07
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