Llegar hasta el fondo de uno mismo y desgarrarse, para luego surgir  nuevo.

No hay ángeles en la mirada
se perdieron en los ecos de la aurora.
Pusieron límites a la dulzura
y  me dejaron  apenas estas lágrimas.
Arrastro estos huesos que sustentan
la esencia de mi cuerpo endurecido.
Han rodado mis sonrisas
por abismos insondables.
Melancólica, he tratado de mirar como tú
mirabas una rosa...
que me regalara su belleza
despertando aquellas ilusiones
que hoy sepulto
en el silencio de la noche.



 

 

Cris Carbone todos los derechos de autor reservados.