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No
hay ángeles
en la
mirada
se
perdieron
en los
ecos de
la
aurora.
Pusieron
límites
a la
dulzura
y
me dejaron
apenas estas lágrimas.
Arrastro
estos
huesos
que
sustentan
la
esencia
de mi
cuerpo
endurecido.
Han
rodado
mis
sonrisas
por
abismos
insondables.
Melancólica,
he
tratado
de mirar
como tú
mirabas una
rosa...
que me
regalara
su
belleza
despertando
aquellas
ilusiones
que hoy
sepulto
en el
silencio
de la
noche.

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