|
Duele en los poros
la mañana de absurda monotonía.
Minimizo la congoja
y me invento una felicidad que ya no existe.
Escucho diálogos absurdos,
sin mostrar indiferencia
ante el murmullo incesante
de palabras sin sentido.
¿Cómo no salir corriendo por las calles?
Que la llovizna me provocara una sonrisa
en un banco de plaza taciturna
garabatear frases con ansias de versos.
Me agobia la necesidad
que me esclaviza,
y me obliga a olvidar las utopías
por una rutina silenciosa
que como siniestro puñal mata mis sueños.
Muero con ellos de desidia y vergüenza.
Cris
Carbone
|