Veinte Poemas de amor y una canción desesperada

Poema XIII de Pablo Neruda

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He ido marcando con cruces de fuego
el atlas blanco de tu cuerpo.
Mi boca era una araña que cruzaba
 escondiéndose
en ti, detrás de ti, temerosa, sedienta.
Historias que contarte
 a la orilla del crepúsculo,
muñeca triste y dulce,
para que no estuvieras triste
un cisne, un árbol
algo lejano y alegre.
El tiempo de las uvas, el tiempo
maduro y frutal.
Yo que viví en un puerto desde
donde te amaba
la soledad cruzaba de sueño y de silencio.
Acorralado entre el mar y la tristeza.
Callado, delirante,
entre dos gondoleros inmóviles.
Entre los labios y la voz,
algo se  va muriendo.
Algo con alas de pájaro,
algo de angustia y de olvido.
Así como las redes no retienen el agua.
Muñeca mía,
apenas quedan gotas temblando.
Sin embargo, algo canta
entre estas palabras fugaces.
Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca.
Oh poder celebrarte
 con todas las palabras de alegría.
Cantar, arder, huir,
como un campanario
en las manos de un loco.
Triste ternura mía,
¿que te haces de repente?
Cuando he llegado al vértice
mas atrevido y frío
mi corazón se cierra
como una flor nocturna.  

 

                  

Recitado por Pablo Neruda

 


 

 

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