Veinte Poemas de amor y una canción desesperada

Poema II de Pablo Neruda

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En su llama mortal la luz te envuelve.

Absorta, pálida, doliente, así situada

contra las viejas hélices del crepúsculo

que en torno a ti da vueltas.

 

Muda, mi amiga,

sola en lo solitario de esta hora de muertes

y llena de las vidas del fuego,

pura heredera del día destruido.

 

Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.

De la noche las grandes raíces 

crecen de súbito desde tu alma,

y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas,

de modo que un pueblo pálido y azul

de ti recién nacido se alimenta.

 

Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava

del círculo que en negro y dorado sucede:

erguida, trata y logra una creación tan viva

que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.

 

 

Pablo Neruda

 


              

 

Recitado por Juan José Torres.

              





 
 


 




 




 

 

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