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A Romina, mi
hija, una de las
partes de mi
alma
por la
maravillosa
experiencia de
ser su madre.
 
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No me digan que deje de extrañarla
si haber sido su madre
es lo mejor que me ha pasado,
no me digan que siga como antes
en la rutina de mi vida,
que respire si a veces siento
que me falta el aire.
No me digan que son cosas de la vida,
que los chicos crecen...
son cosas que se saben,
son cosas que se sienten,
pero mis brazos son cortos
para cruzar el océano
y se parte el abrazo en la distancia.
No me digan que deje de extrañarla
si no puedo olvidarla
porque nueve meses la guardé
como un tesoro en mis entrañas.
No me digan que no llore por su ausencia,
a veces las lagrimas
hacen que el pecho se afloje
y aligere un poco el dolor del alma.
No me digan mas, yo se que ella es feliz
que la vida la llamó, para formar como hice yo
un nido propio lejos de casa.
No me digan mas, por favor...
que
deje
de
extrañarla.

1/9/07
 
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