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Un
día
Andas
por esos mundos como yo; no me digas
que
no existes, existes, nos hemos de encontrar;
no
nos conoceremos, disfrazados y torpes,
por
los anchos caminos echaremos a andar.
No
nos conoceremos, distantes uno de otro
sentirás
mis suspiros y te oiré suspirar.
¿Donde
estará la boca, la boca que suspira?
Diremos,
el camino volviendo a desandar.
Quizás
nos encontremos frente a frente algún día,
quizás
nuestros disfraces nos logremos quitar.
Y
ahora me pregunto...Cuando ocurra, si ocurre,
¿Sabré
yo de suspiros, sabrás tu suspirar?
Sábado
Me
levante temprano y anduve descalza
Por
los corredores; baje a los jardines
Y
bese las plantas;
Absorbí
los vahos limpios de la tierra;
Tirada
en la grama;
Me
bañe en la fuente que verdes achiras
Circundan.
Mas tarde, mojados de agua
Peine
mis cabellos. Perfume las manos
Con
zumo oloroso de diamelas. Garzas
Quisquillosas,
finas,
De
mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego
puse traje de clarín mas leve
Que
la misma gasa.
De
un salto ligero lleve hasta el vestíbulo
Mi
sillón de paja.
Fijos
en la verja mis ojos quedaron,
Fijos
en la verja.
El
reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro
un sonido de loza y cristales;
Comedor
en sombra; manos que aprestaban
Manteles.
Afuera,
sol como no he visto
Sobre
el mármol blanco de la escalinata.
Fijos
en la verja siguieron mis ojos,
Fijos.
Te esperaba.
El
llamado
Es
noche, tal silencio...
que
si Dios parpadeara
lo
oyera. Yo paseo,
en
la selva, mis plantas
pisan
la hierba fresca
que
salpica rocío.
Las
estrellas me hablan,
y
me beso los dedos,
finos
de luna blanca,
de
pronto soy herida...
Se
enroscan mis cabellos,
mis
espaldas se agrandan;
Oh,
mis dedos florecen,
mis
miembros echan alas,
voy
a morir ahogada
por
luces y fragancias...
Es
que en medio de la selva
tu
voz dulce me llama...
La
mirada
Mañana,
bajo el peso de los años,
las
buenas gentes me verán pasar,
mas
bajo el peño obscuro y la piel mate
algo
del muerto fuego asomara.
Y
oiré decir: quien es esa que ahora
pasa?.
Y alguna voz contestara:
-
Allá en sus buenos tiempos
hacia
versos. Hace mucho ya.
Y
yo tendré mi cabellera blanca,
los
ojos limpios, y en mi boca habrá
una
gran placidez y mi sonrisa
oyendo
aquello no se apagara.
Seguiré
mi camino lentamente,
mi
mirada a los ojos mirara.
Ira
muy hondo una mirada mía,
y
alguien, en el montón, comprenderá.
Tu
me quieres blanca
Tu
me quieres alba;
me
quieres de espumas,
me
quieres de nácar
Que
sea azucena,
sobre
todas, casta.
De
perfume tenue.
corola
cerrada.
Ni
un rayo de luna
filtrado
me haya,
ni
una margarita
se
diga mi hermana;
tu
me quieres blanca;
tu
me quieres nívea;
tu
me quieres casta.
Tu,
que hubiste todas
las
copas a mano,
de
frutos y mieles
los
labios morados.
Tu,
que en el banquete,
cubierto
de pámpanos,
dejaste
las carnes
festejando
a Baco.
tu,
que en los jardines
negros
del Engaño,
vestido
de rojo,
corriste
al Estrago.
Tu,
que el esqueleto
conservas
intacto,
no
se todavía
por
cuales milagros,
me
pretendes blanca
(Dios
te lo perdone),
me
pretendes alba.
Huye
hacia los bosques;
vete
a la montaña;
límpiate
la boca;
vive
en las cabañas;
toca
con las manos
la
tierra mojada;
alimenta
el cuerpo
con
raíz amarga;
bebe
de las rocas;
duerme
sobre escarcha;
renueva
tejidos
con
salitre y agua;
habla
con los pájaros
y
lévate al alba.
Y
cuando las carnes
te
sean tornadas,
y
cuando hayas puesto
en
ellas el alma,
que
por las alcobas
se
quedo enredada,
entonces,
buen hombre,
preténdeme
blanca,
preténdeme
nívea,
preténdeme
casta.

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