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Los que estamos en este medio de las Web de poesías conocemos bien a esta atractiva y sensible mujer, Aclis para los amigos, Sonia Lores para los documentos. Es argentina, nació el 14 de noviembre de 1954 en Buenos Aires, el barrio de Victoria. Tiene dos amores, Federico y Agustina, sus hijos. Además de tener una bella Web es  profesora de gimnasia y ama de casa.

Desde muy chica le gustó escribir y actuar. A los 17 años aproximadamente escribo el primer poema que podía ser mostrado "Ambivalencia", que nos expone, un poco, la actitud rebelde de una adolescente. A partir de ahí no paró de escribir. Escribía todo lo que le pasaba (era para ella una descarga sicológica) y no podía evitar que sonara a poema (ni quería).

A los 20 años, sale elegida para formar parte del "Anuario de Poetas Contemporáneos" con el poema "Quisiera". Aclis nos dice: "No sé si tengo buena métrica o utilizo bien los ritmos; solo sé que escribo con el alma y pongo el corazón donde pongo mi letra".

Nunca publicó un libro y debería hacerlo ya que le sobra talento, sensibilidad y su poesía llega directo al corazón. 

Personalmente agradezco a Aclis exponer sus poemas en mi Rincón.

 

Ahora los invito a deleitarse con:

 


       

 

 
Tus besos no murieron
en mi recuerdo viven
agridulces reviven
como alguna vez fueron.
 
Tus besos son gaviotas
de mi mar, ya sin sueños;
tus besos son los dueños
de mis ilusiones rotas.
 
Tus besos son dulce rocío
que tus labios derraman
y mi boca reclama
como el pez a su río.
 
Y el día que me fui
me los llevé conmigo
ellos fueron mi abrigo
en mis noches sin ti.
 
No han de morir tus besos
porque llevan marcados
el sello de mis boca
que a volver me provoca
algún día de esos
en que me vuelva loca
por sentirlos de nuevo.
 

Dormito, mansamente, sobre el jardín florido;
me vienen a la mente, como pájaros libres,
sentimientos de paz y, con ellos olvido
por momentos, acaso, los dolores vividos.

Todo el sol me acompaña y me canta al oído
una canción antigua con cálidos violines.
Y me siento tan calma! y hay olor a jazmines!
que parecen, de pronto, acariciarme el alma.

Más, entonces, comprendo que durará muy poco
porque una oscura sombra me persigue
y no queda lugar don este loco,
amarillo sol caliente me ilumine.

Y suspiro hondamente para entonces,
retener el sublime instante adentro mío, 
cuando no pueda ser, cuando el olvido,
quiera cruzar mi mente como un rayo
y la sombra me cubra con su manto.





Quizás no pueda verte, pero puedo sentirte
te me escondes, travieso, como un duende
te antepones, a mis ojos, como un rayo,
corres de aquí para allá y eres tan dulce!

Quizás no pueda verte, pero te imagino.
Bailas, ante mi mente, con globos de arco iris;
te sospecho rubio-castaño, piel cobriza-blanca
y no tienes sexo.

Quizás no pueda verte, pero puedo oírte:
canto de hadas y gnomos, voz de pájaro,
corazón con tic-tac de campanillas
y un susurro lejano.

Quizás no pueda verte, más te huelo.
Tienes el olor de días frescos,
jazmines en el alma, mar en silencio,
aroma a campo verde, cielo abierto.

Quizás no pueda verte, quizás nunca,
pero sentir, oler, imaginarte, oírte,
es un grato placer que necesito
para no echarme a llorar ante tu ausencia.

Que no quieres venir?
no me lo han dicho,
pero que, realmente, no vienes,
eso es cierto.

Y te espero, latente, a cada instante;
te preparo un ajuar de fantasía,
te canto un arrorró, me acompañan los grillos,
te siento en mis rodillas, te acaricio...

Hago un escarpín, con hilos de mentira;
juego, con tu imagen, al juego de la vida
y camino, a tu lado, lentamente
y no me siento perdida.

Solo, a veces, el corazón se me llena
de lágrimas azules
y...necesito verte!

 


En el peregrinaje fantasioso de mi mente,
fui un pájaro con alas escarlata,
una silvestre flor de color plata
y un algodón de nube transparente.

Fui mariposa efímera, de colores
azules, verdes, blancos y morados,
fui, también, témpanos helados
y un ramillete de lánguidas flores.

En mi rumbo gitano de locura
caminé por las brasas, sin quemarme,
y sin alas, volé, hasta cansarme
y, sin ojos miré la luz más pura.

Al despertar de mis sueños, sin sentido
sentí frío, dolor, miedo y espanto,
mis ojos se llenaron de cristalino llanto
y, en mis manos, sostuve, mi corazón herido.

Era la realidad, la que llegaba,
abriéndome los ojos a la vida;
y fue tan cruel aquella despedida
a mis sueños de luz, que tuve ganas
de morir, de repente, sin ser nada.
Amanecer

Si fue la lluvia, no sé
lo que te trajo a mi mente,
sé que fue así, de repente,
que apareciste otra vez.

Te paraste frente a mí,
imponente, alto, hermoso
como un titán, un coloso
como alguna vez te ví.

Olvidé lo que sufrí,
el día que me dejaste,
pues tanto amor me entregaste
que extasiada me dormí.

Y en mis sueños yo volví
a ser la misma de antes
cuando éramos amantes,
lo mejor que yo viví!

Pero duró poco el cuento
pues hoy, al amanecer
ya no estabas a mi lado.
El sueño ya ha terminado
solo queda mi lamento
viendo la lluvia caer.
   


Si le escribo esta carta, señora profesora,
así, sin conocerla, sin de usted saber nada,
es porque no comprendo, mi querida señora,
que es lo que revela esa dura mirada.

Mi hija me ha contado, casi al borde del llanto,
que Ud. no brinda afecto, que no quiere escucharla,
y su hostil tratamiento no debiera ser tanto,
porque logra, tan sólo con eso, lastimarla.

Es una adolescente y tiene, como todas,
fantasías y sueños, incertidumbre y pesares,
un poco rebeldía, el seguir esas modas
con que se identifican acorde con sus pares.

Y si usted no comprende es porque no ha vivido
esa parte de vida en que todo es asombro,
y entonces no la entiende, ya que no lo ha sentido,
y sus palabras pegan en vez de prestar su hombro.

Sólo escuche ,señora, lo que voy a explicarle,
que mucho hay de bueno en los adolescentes.
Son niños que, mañana, quizás podrían darle
a esta tierra querida un futuro decente.

Déjelos hoy que brillen dentro de sus disfraces,
que se pongan sus aros y pelos de colores.
No por eso dejan de ser más eficaces
cuando llega la hora de aplicar sus lecciones.

Son como pajaritos, que quieren volar alto.
No les corte las alas porque sean pichones.
Déjelos que en sus sueños sean, de tanto en tanto,
esas águilas que sienten en sus corazones.

Deles ese amor, que hoy, es casi indispensable
para que en un mañana, cuando sean mayores,
recuerden esa profe de actitudes loables
que con una sonrisa les marcó sus errores.

Y si logro, con esto, endulzar su mirada
y que ellos no piensen que es el "lobo feroz",
yo le digo, señora, ya no estará alejada,
de la dulce caricia de la mano de Dios.

Aclis
La mamá de una adolescente




Te quedaste así,
con las manos vacías
llorando y repitiendo
toda la culpa es mía
sin pensar, tan siquiera
que, con tus pocos años,
aunque tu lo quisieras,
a nadie le harías daño.

Te quedaste así,
perdida en el ayer
porque un hombre, sediento
tan solo de placer,
te quitó la inocencia
y te hizo creer
que no era indecencia
que fueras su mujer.

Y después se marchó
así, secretamente,
de la misma manera
que lo hace un delincuente,
y el dolor se instaló.
como si un monstruo fuera,
quebrándote las alas
irremediablemente.

Más la culpa no es tuya
tú eres inocente.
Que el dolor no destruya
de tu rosal la flor;
quiero verte sonriente
y con el alma abierta
cuando toque a tu puerta
el verdadero amor.

 

 

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