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Rosario
(Argentina)


Belquis
Ivonne Barés es argentina, nacida en Rosario el 22
de junio de 1959. Creció en una familia donde
el arte era alimento diario. Desde pequeña
ingresó al mundo de las danzas folklóricas, clásicas
y españolas; el arte escénico y la declamación;
la música y el canto; dibujo, pintura y cerámica.
Educada para no depender económicamente eligió
como profesión la abogacía, realizando luego
estudios de post-grado como especialista de
derecho de familia. Profesión que le daba el
espacio para la creatividad y la escritura de
"sus mejores novelas" en las demandas
contenciosas de divorcio. De pequeña gustaba
inventar cuentos con su padre. Comienza a
escribir poesías a los doce años, por una
sugerencia de la escritora rosarina Ada Donato,
madre de una amiga de la adolescencia, que les
propone en lugar de redactar un diario íntimo,
volcar lo que sentían en poesías. Recién da a
conocerlas en internet en el año 2001 cuando
escribe unas poesías a Artem Kozirev y éste le
hace llegar su crítica favorable, la invita a
incorporarse a su grupo de literatura
"taller" y la designa como Moderadora
del mismo. Luego es invitada a múltiples grupos
literarios de Argentina, México, Bolivia, Venezuela,
Brasil, Chile, España y publica en
diversos sitios web.
Cuando le preguntan que la
impulsa a dar a conocer lo que escribe,
responde: "Aspiro a que mis letras cobren
vida en el alma del lector, que los haga vibrar.
Cuando la gente deja de sentir, cuando pierden
la capacidad de perseguir un sueño es como que
mueren un poco. Sólo el amor le da sentido a la
vida, nos da fuerzas para afrontar las
dificultades. Quien tiene amor tiene sueños.
Los soñadores son quienes logran cambiar el
curso de las cosas."
Ahora
te invito a conocer:



Se desgarra la esperanza con tu ausencia.
Pretendiendo retenerte en mi recuerdo
las horas de la espera se desangran.
Las noches prolongan tu silencio.
El mar solo es entidad de agua salada
empeñada en lacerarme las heridas.
No hay sol, ni luz de luna, ni relámpago
solo sombras que me acosan sin sentido.
Mas el viento de la noche cabalgando
los sonidos de tu risa me regala
vuelvo a oír tu respiración muy cerca mío.
El olvido adormecido es eterna agonía.


amanecí en ternura con tus versos-besos vestida
y desvestida
un ramillete de sueños alocados perfumaba el
aire de ilusiones
alejados de reyes y mendigos nos encontramos al
fin enamorados
sin títulos ni honores, despojados de ropajes,
cara a cara
así te ansiaba
desprovisto de culturales símbolos
corazón a corazón
sin pasados, sin presentes, sin futuros
perdidos en la dimensión de los deseos
saciándonos la sed proclamada por suspiros.


aspereza de palabras que ahuyentan
la dulce tersura de los pétalos
flor que se cierra dolida temerosa
ante quien su aroma no aprecia
tormenta de arena en el desierto
que lacerante cierne a su víctima
con aspiración cruel avasallante
vano intento de poseer por la fuerza
lo que la brisa, el sol y el agua
obtienen sin esfuerzo buenamente.


Es tu amor
hechizante hoguera
tus ardientes palabras
tórridos leños
que acrecientan sin cesar
el fuego
de esta pasión
que me devora entera.
Terrible ansiedad
ilimitada
de consumirme
por completo
en las feroces llamaradas
de tu lengua
de fuego.
Mi cuerpo se enciende
y arde
bajo el influjo
de tus besos
en secreta danza
alucinante,
desenfrenados
los deseos.
Escaparme de vos
no puedo
es inevitable
nuestro encuentro
para saciar esta sed
inagotable
que enciende cada día
mi deseo.


Si
una ráfaga congela tus palabras
impidiendo que escapen de tus labios
El vértigo trepa de mis pies al pecho
clava las púas de la incertidumbre
y temo al abismo de tu indiferencia.
Se desploma la angustia en mudo llanto
resecando la alegría de mi alma.
La distancia se interpone entre nosotros.
Taxidermista vaciando los momentos
del amor arraigado en mis entrañas.
Silenciar al amor es condenarlo
a la tortura eterna del encierro
a la oscuridad de la ignorancia
a la opresión de no ser correspondido
a abortar el florecer de la esperanza.


como dátiles en almíbar deliciosos
saboreo trozo a trozo lentamente
el derrame generoso de tus mieles
densa suavidad que me recorre
de aromas sabrosos perfumada
busco desbordada de ansias tu boca
oasis apetecido de vivificantes aguas
codiciada caverna roja de placeres
en su famélico derrotero interminable
siembra caricias húmedas y mordiscos.
Ya envuelta en el soplo de tu aliento
veo éxtasis en mi reflejo enmarcado
por la brillante oscuridad de tus pupilas
mientras encastrados uno en otro
la sensación de plenitud estalla en gozo


Esta angustia en mi pecho
se hamaca entre ahogos
sembrando nostalgias
arrancando recuerdos
que agonizantes gimen
pisoteados por tu ausencia.
¿Cómo haré para desalojar
este amor anidado en mí ?
¿Cómo haré para ser piedra?
¿Cómo destejeré caminos?
¿Cómo no acurrucarme
cuando tu silencio me hiela?
De nada vale a mi mente vedar
la proyección recurrente
de momentos vividos.
Amordazo a mi sangre
proscribo a mis sentidos
y aún así te sigo amando.


Diluvio de cariño
con formas de palabra
mágico "mandala"
que se adueña del alma
puebla el pensamiento
con cálidos mensajes
trocados por la mente
en vivencias sensoriales.
Poesías que proyectan
holograma de dos amando
estímulos decodificados
en sonidos y sabor aromático.
Opresión del pecho
que ocasiona tu ausencia
es premonición divina
de sanación de dolencias
cuando se torne real
tu arribo a mis playas.
Pido a Dios que no cese
la oleada de mensajes
que en vaivén delicioso
baña de dulces sueños
mi arena esperanzada.


Hay veces que encuentro en mi camino
un manojo de palabras
como charcos de agua después de una tormenta
me asomo para ver mi reflejo
y me devuelven no mi imagen
sino respuestas ansiadas a mis sueños.
Hay veces que el filo del límite
entre coherencia y demencia
corta las plantas de mis pies desnudos
y caigo dulcemente en la locura de creer
que te he encontrado en mis delirios.
Hay veces que ignorando los relojes
detengo el tiempo y te encuentro esperándome
para abrigar este amor con tu manto de ilusiones
y un ramillete de poemas que me embriagan.
Son esos instantes
que mi porfía perpetúa
aún a riesgo de idealizarte
porque en ellos soy feliz
al iluminarse mis días
con tu presencia, amor mío.


Cómo
puede ser que sólo el sonido de tu voz
sea la brisa que calme
la tormenta de afectos que me sofocan.
Sólo el relampaguear de eternidades de
instantes
iluminan mi derrotero
por recuerdos que me visten de nostalgia
esperanzada en el resurgir de la libertad
absoluta
con que me cercara tu amor.
Abrevio mi sed en las palabras que me dejaste
dibujando sueños con la aspiración de enseñarme
a saber esperar sin desespero.
Comprendo ahora que la ansiedad solo erige
distancias.
Se estremece mi cuerpo con los susurros del
silencio
y afloras en las palmas de mis manos.
Tus pensamientos me abordan
marcando a fuego en mi piel tus caricias
y tu imágen puebla todos mis espacios.
Se perpetúan nuestras madrugadas desvelados
y vuelve el pájaro a cantar en mi ventanal
anunciando que es hora de despedir
a la oscuridad cómplice de la noche.


Déjame recorrerte
con mis manos de alfarera.
En cada caricia a tu arcilla
descubrirte.
Deja que perciba con mi tacto
la maravillosa sensación
de tus texturas.
No quiero sólo verte
quiero sentirte
por completo.
Deslizarme por tu piel
penetrar y compenetrarnos.
Quiero reconocerte en cada sonido.
Quiero suavizar a besos
los rasgos de tu cara.
Déjame que amolde
mis formas a las tuyas.
Quiero que construyamos
la mejor escultura
de amor humano.


Oscuros
como la noche confidente
que ampara nuestros encuentros
son tus ojos
mi amante ardiente
los que descifran
mis deseos.
Que mejor oscuridad
para alojarme
que
la de tu famélica mirada
que
sin pronunciar una palabra
expresa ufana
tus ansias de quererme.
Ojos negros
donde estoy reflejada
plena de gozo
al ser devorada
por tu pasión
violenta marejada
que socava mi alma
enamorada.


Copyright
© Belquis Barés
Reservados todos los derechos de autor
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