Av.
9 de Julio -Buenos Aires -Argentina
Rincón
del Poeta tiene el orgullo de presentar
en esta ocasión a Ricardo Iribarren
o Gocho Bersolari, apodo que él eligió
para firmar sus escritos. Escribió desde muy niño
y su principal obra se encuentra en Internet; en
muchos casos dispersa y mezclada con anécdotas muy personales. El Gocho - nombre con que se llama al habitante de los Andes
venezolanos - vivió en Argentina hasta los 54 años. Nunca había salido de la Provincia de
Buenos Aires, hasta que en el 2003, siguiendo un perfil femenino, se embarca
hacia Mérida, Venezuela. Actualmente está vinculado a la masoterapia y la medicina natural y Entre sus obras en papel figuran colaboraciones en las antologías "Letras de
la Conjura" y en "Sensibilidades", 2002 y 2003. Mantiene inéditos los
poemarios "Lunares", Nocturnos", "Verde buitre de luz" y "La muchacha y la
muerte".
Mujer
La Música de esta Página
"Los
Mareados"
Tango
Gorcho
Bersolari todos los derechos de autor reservados.


Allí vivió mil aventuras; entre ellas para sobrevivir debió actuar como
mesero en un par de restaurantes; en ellos escribía poemas por encargo:
amor, odas a la madre, etc. y con ello conseguía la comida diaria.
escribiendo sin cesar.
Es un integrante de la lista de Literatura
Xanadú, donde Gocho me cautivó con la sensibilidad
y profundidad de sus letras. Es por eso que hoy
te invito a que lo conozcas a
través de:![]()

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Encendiste estrellas en mi sexo.
Lo hiciste brillar como una flama,
mientras en cada noche
se apaga el universo
a nuestro alrededor y sólo quedan
nuestros cuerpos flotando:
dos llamaradas con sangre
debajo del amanecer que se insinúa
en cada tramo de la noche.![]()
El amor cayó en el crisol de los siglos
y nos llevó :
alas de la aurora
que nos trajeron hasta estas avenidas
donde el tiempo
el tuyo,
el mío,
se intersecan
se unen se abrazan
se tuercen se penetran
y si los miramos de lejos no sabremos
cual es tu tiempo
cual es el mío.
Andrógino de las horas
y de los años.
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Atardece en tus ojos
donde el crepúsculo
no coincide con el cielo,
donde las horas
siguen el ritmo de mis manos
de mis caricias
de mis miradas
de mis silencios sobre tu sexo
del roce de mis ojos
de mis pequeñas muertes
de las hojas que caen
cuando te miro
Viniste al atardecer
y no sé si te fuiste.
Descalza en la calle áspera.
Desnuda en mis sueños
y en los atardeceres
cayendo de peñascos,
y armándote una y otra vez
en mi sala.
Entonces bailamos.
Fantasma de mis horas,
de mis huesos,
de mis sinsabores
y de mis bocas plenas de dulzor,
de amargura,
de llanto y de noches
bajo la ciudad con sus luces.
Ahora,
simplemente descalza en mi vestíbulo
me hablas de aguaceros,
de mariposas quietas,
de silencios. Desapareces
y no sé si te has ido
o eres el sueño de la marquesina
que ilumina el alféizar
veinte minutos antes de la noche
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Tantos andenes
siguieron mi espera de ti.
Tantos horizontes
me vieron amanecer añorando tus ojos
sin conocerlos,
añorando tus besos
sin haberlos sentido.
Ahora
simplemente
me hundo en ti.
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