Foto de Gustavo Tisocco en su viaje a Grecia en 2014

 

Hace mucho que este lugarcito de poetas amigos no tiene un nuevo integrante. Hoy presentamos con mucho cariño al poeta Gustavo Tisocco nacido en Mocoretá -Corrientes- el 25 de octubre de 1969.
Tiene publicados ocho libros "Sutil", "Entre soles y sombras", "Paisaje de adentro", “Desde todos los costados” , “Pintapoemas”, “Cicatriz”, “Rostro ajeno” y “Terrestre” además cuatro CD "Huellas", “Intersecciones”, “Corazón de níspero” y “Terrestre”.
Participó en diversas antologías en el país y diferentes partes del mundo.
Recibió varios premios donde se destacan PRIMER PREMIO DEL CONGRESO DE MÉDICOS ESCRITORES en el año 2004 y 2006 respectivamente, PREMIO REVELACIÓN A LA CALIDAD LITERARIA en el encuentro “Buenos Aires Poesía-Reunión de voces” llevado a cabo en Buenos y “REVELACIÓN DEL TERCER ENCUENTRO DE POETAS LATINOAMERICANOS” –Villa María, Córdoba- ambos en el año 2007.
Segundo premio de EROS AIRES 2009 en la ciudad de Buenos Aires.
Segundo premio del Concurso “María Elvira Juárez” en LETRARTE –Tucumán- Julio del 2010.
Segundo premio de EROS AIRES 2011 en la ciudad de Buenos Aires.
Recibió el Reconocimiento del CICLO VIENTOS CONTRARIOS en 2010, el de ASOLAPO en el año 2011 y PUMA DE PLATA de la Fundación Argentina para la Poesía en el año 2012, todos por difundir Poesía a través de su sitio mispoetascontemporaneos.
Asistió a eventos nacionales e internacionales (México y Perú) como poeta invitado.
Recientemente fue uno de los invitados al VIII Festival de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires, de la Feria del Libro de Villa Mercedes –San Luis- y de la Feria del Libro de Mar Del Plata.
Su poesía ha sido traducida al portugués, francés, catalán, italiano, inglés y alemán.

 

          Disfruten de la belleza de sus poemas, en ellos pueden apreciar los sentires de un gran poeta amigo.   

          


Para escribir un poema de diez hectáreas
tendré que convocar a todos los peces,
al mago que deambula en las noches,
al aroma de pan horneado,
a la espuma del mar.

Deberé resucitar a los que me dejaron,
retornar barcos encallados en la brisa,
zafiros y esmeraldas,
al niño que soñaba con ser espantapájaros,
al viejo campanario, al andén del pueblo aquel.

Pondré el nombre de mi madre,
los fantasmas de mi gente,
una gota de río, la caricia del sauce.
De la más ínfima hierba la fragancia,
del rompecabezas los enigmas
y de los ojos del ausente las plegarias.

Un poema de diez hectáreas insume tener frío,
dejarse llevar como una veleta,
despertar en el tango que nos desnuda,
ser cometa, buzón, arquero.
Que nos deslumbren los cuentos de sal,
el vuelo del colibrí,
y las estatuas en su jaula.

Que tenemos un país herido no debo olvidar,
que hay abuelas que esperan y
una isla llena de lápidas y voces en la bruma.
Que el Crucificado sigue siendo crucificado,
que se mutilan a diario tantas alas,
que se ríen en el norte de los que pernoctamos aquí en el sur.

Y cuando me falten palabras para las diez hectáreas
acudiré a tu nombre, tus pies de duende,
a tu beso, tu sexo enhiesto,
tu mirada verde, a tus dudas y certezas,
a tu valle encantado,
a tu insomnio, a tu alcohol.

Sólo ahí nacerá el poema,
                      grito extendido
                           inmortalidad cierta.



 
 
 

Recuerdo en la siesta
trepar la planta de nísperos
y ser el buscador del más dulce oro,
testigo que había un sol,
redondito y pequeño,
con el que hacíamos la guerra,
la ofrenda a Dios,
la corona de la reina.

Éramos con otros niños
como alondras,
habitando aquellas ramas,
aquel jolgorio.

Hoy ya no queda patio,
ni el abuelo podando
escalones y nidos,
tampoco el resplandor de la tarde.

Prisionero de tantas ausencias
lo fui extraviando todo.

Sólo guardo
mi corazón amarillo
                    que me salva.

 

 

 

El misterio
sucumbe ante la desnudez.

Ojos celestes,
nube y rocío.

Hombre resignado
tejiendo úteros.

Oculto tras la risa
pregono lágrimas de luto.

Dicen lo que no soy,
muestro lo que ven.

Amparo y delgadez
mi cuerpo frágil.

En las ramas florecen sogas.

Aullido de lobo
tras sumisa lengua.

Vestido de nada
persiste el misterio.



Con cada muerte,
con cada destello de cuerpo quemado
el bosque se cubrió de penachos rojos.
Cada guerra sembró semillas de verdes brotes
y entre gemidos y desgarros
un aluvión de orquídeas nos invadió.
Cada inocente abatido fue de pétalos cubierto
y a mayor dolor
un aroma de azahares inundó el aire.

Es una tristeza ver el jardín tan florecido...

 

Gustavo Tisocco

Todos los derechos de autor reservados

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