A la mujer que amo
Este día en el que tu imborrable semblanza tanto me acomete
este día en el que tu apaciguada figura embriaga mis sentidos
atrapado escucho en mi ardiente corazón sus diáfanos latidos
auscultando en ellos la inmensa dicha que la vida me promete.
Impostergable me resulta componerte esta misiva enamorada
para narrarte mi lamento por la tristeza de no estar a tu lado
son tan idílicas y cálidas las noches que contigo yo he soñado
desde que el sol se oculta hasta que reaparece en la alborada.
Hoy estuve caminando calmo en un jardín de flores encantadas
flores de abigarrados colores todas ellas tan delicadas y bonitas
pero al evocar tu nombre esas flores se tornaban tan marchitas
porque sin tu sólida presencia ellas no podían verse remozadas.
Cada que te imagino yo recorro el entorno de tu cuerpo fulgurante
caminando descalzo por la brillante arena de apariencia nacarada
los arreboles tornasolados abrigando tu suave marcha apaciguada
entre tanto las olas agonizan humectando tus pies a cada instante.
Ay si la vida me permitiera ahora mismo aproximarme a tu esencia
para acrisolar mi anhelo en el brasero candente de tu delicada piel
y libar obsesionado en tus labios el exquisito elíxir con sabor a miel
en tanto mi olfato persigue ese aroma regio que libera tu presencia
Tu mirada tierna es un sedante con el que logro atenuar mis penas
tu castaño pelo una red que muy silente atrapa todas mis ilusiones
cuando acaricio tus manos mi aliento peligra con tantas emociones
nunca antes yo había percibido tanto amor corriendo por mis venas.
Muy honroso me resulta contemplar en tu vida tantas cosas bellas
tu álgida figura, tu veleidoso donaire y la dulce manera de tu trato
toda tú eres un dechado de buen gusto ejercido siempre con recato
eres una luz hermosa que refulgente brilla entre todas las estrellas.
Agotado es el tiempo de seguir percibiendo desde lejos tu fragancia
todo mi ser con urgencia inaplazable tu adorable compañía reclama
ya nada me interesan los efímeros deleites que conducen a la fama
sólo tu refinado amor es el áureo premio que merece mi constancia.
Por tu amor yo estaría dispuesto a sacrificar mis efímeras codicias
y entregar todo mi tiempo a la inmensa dicha de tenerte cautivada
saber que en mi existencia tú siempre eres una joya muy preciada
una dádiva exquisita por la que yo ofrendo lo mejor de mis caricias.
Cada que recuerdo esos diáfanos momentos de dulzura compartida
en los que absortos tú y yo hicimos de la danza un lúdico contoneo
con delirantes giros levitamos en un sueño apenas digno de Morfeo
sueño en el que los cielos me revelaron que tú serías mi prometida.
Por eso muy presuroso yo te busco para ver cumplida esta promesa
y con toda delicadeza te pido que nos unamos en fervoroso himeneo
el amor que por ti yo siento es un llama que arde en todo su apogeo
un fuego eterno que demanda tu pundonoroso cuerpo con presteza.
Quiero vislumbrar contigo los luceros en la bella noche encantada
y libar sediento en tu regazo el regio elíxir de tu cuerpo aletargado
quiero la certeza de saber lo mucho que de ti me siento enamorado
quiero que la luna nos mire discreta con su luz nítida y menguada.
Tantas cosas quiero contigo cuando contemplo tu romántica mirada
sentirte siempre tan bonita, tan fragante, tan esplendente y cercana
acariciar tu aterciopelada piel que delicada se me ofrenda tan lozana
en tanto tu cara y la mía complacientes se sumergen en la almohada.
Ven hacia mí amorosa ondina para que juntos diseñemos el devenir
caminemos dichosos por la senda que el destino nos tiene deparada
y llegado el momento logra que tu vientre deje mi semilla germinada
para que junto a nuestros hijos toda la felicidad, podamos compartir.
Mauricio Bernal Restrepo.
Bogotá, Colombia.
Recuérdame
Le pido a este poema,
que cante y me desnude el alma,
con la piel de los sueños
visto las noches
impregnadas de tu aroma.
Deshabitando minutos, horas, días,
me pierdo en otros tiempos.
Aquellos que te devuelven
trayéndote hacia mí,
desbordándome.
Quiero alcanzarte
al despuntar el alba,
en el punto milagroso
donde te detienes,
a esperarme.
Allí, donde la noche quedamente
nos llama y nos nombra,
llega el viento en ancestrales ecos
para llevar con él,
mi voz y mi palabra.
Sólo para decirte,
¡Recuérdame!
Iris Azul
Argentina
www.iris-azul.com.ar
