Julia de Burgos

 

 

"Aquí estamos para vivir, no para morir. Se muere en la muerte no en la vida" Julia de Burgos (1940)

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(1914 – 1953)

Poetisa, dramaturga y educadora puertorriqueña. Nació en el Barrio Santa Cruz, en Carolina, Puerto Rico. Falleció en Nueva York, Estados Unidos. Su obra puede ser caracterizada por una capacidad enorme de proyectar la feminidad de su tiempo. Pero también por la problemática personal, tanto de su vida ajetreada y, a veces, hasta turbulenta, como de la intuición de su inminente su muerte.

Su familia era numerosa y pobre, pero sus padres se preocuparon por la educación de sus hijos. En el Barrio Santa Cruz, asistió Julia a la escuela primaria. Desde niña mostró una gran inteligencia. En ciudad Carolina lleva a cabo sus estudios secundarios. Terminada la secundaria, ingresó en la Universidad de Puerto Rico, recinto Río Piedras. Sin embargo, no terminó sus estudios superiores, aunque, antes de dejarlos, obtuvo el Certificado de Maestra.

Desde su inicio en el magisterio se dedicó a la creación poética. Uno de sus primeros poemas fue el famoso "Río Grande de Loíza". Por ese tiempo, se puso en contacto con algunos de los poetas puertorriqueños modernistas, como Luis Lloréns Torres y los vanguardistas Luis Pelés Matos y Evaristo Rivera Chebremont. En su poesía se refleja su problemática vital en todos sus aspectos: el feminismo, una vida ajetreada y el amor bajo sus múltiples vertientes, a veces con una sencillez atractiva, pero lo más común bajo la nota de un amor altamente sensual, erótico y desgarrador. Recuerda, servatis servandis, la poesía amorosa y torturada tanto de la uruguaya Delmira Agustini como de la argentina Alfonsina Storni, en particular por su fuerza expresiva.

En 1940, Julia Brugos viajó a Nueva York. En esta temporada fue muy activa, tanto en recitales de su propia poesía, como en discursos pronunciados en diversos centros culturales, casi siempre invitada por puertorriqueños radicados en esta metrópoli.Abandona Estados Unidos para pasar a Cuba, uniéndose al doctor Jimenes Grullón, y en donde continuó con sus proyectos de conferencias y producción poética. Pudo identificarse fácilmente con el pueblo cubano, pero se le descubrió el incipiente cáncer mortífero, que le afectó su vitalidad y su producción poética.

Pronto tuvo que dejar Cuba, porque ocurrió la precipitada ruptura con su amante, el doctor Jimenes Grullón. Salió, pues, de Cuba para irse nuevamente a Nueva York. Conoció allí al músico Armando Marín. Se casaron y se trasladaron a Washington. En esta ciudad conoció brevemente al laureado poeta Juan Ramón Jiménez..

Volvió a Nueva York, pero su actividad literaria mermó mucho, debido a que, además del cáncer y de su inestabilidad psíquica, se vio adicta al alcohol y, a consecuencia, se le desarrolló una fuerte cirrosis hepática. Todo ello la llevó a una temprana muerte.

En vista de su reputación y prestigio literarios, en 1987 el Colegio Universitario de Humacao le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Letras, "Post Mortem".





 

Yo quise ser como los hombres quisieron
que yo fuese: un intento de vida; 
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes, 
y mis pies, planos sobre la tierra promisora
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas 
para alcanzar el beso de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado 
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre, 
y a cada nuevo azote la mirada mía se separaba más 
y más y más de los lejanos horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la espresión que le venía
de adentro, la expresión definida que asomaba
un sentimiento de liberación íntima;
un sentimiento que surgía del equilibrio sostenido
entre mi vida y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia, de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas 
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…
Yo quiese ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida; un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos, se me torció el
deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.


En ti me he silenciado... El corazón del mundo
está en tus ojos, que se vuelan mirándome.
No quiero levantarme de tu frente fecunda
en donde acuesto el sueño de seguirme en tu alma.
Casi me siento niña de amor que llega hasta los pájaros.
Me voy muriendo en mis años de angustia para quedar
en ti como corola recién en brote al sol...
No hay una sola brisa que no sepa mi sombra ni camino
que no alargue mi canción hasta el cielo.
¡Canción silenciada de plenitud! En ti me he silenciado...
La hora más sencilla para amarte es esta
en que voy por la vida dolida de alba.



Soy una amanecida del amor…
Raro que no me sigan centenares de pájaros picoteando
canciones sobre mi sombrilla blanca. ( Será que van
cercando, en vigilia de nubes, la claridad
inmensa donde avanza mi alma. )
Raro que no me carguen pálidas margaritas por la ruta amorosa que han
tomado mis alas. ( Será que están llorando a su hermana más triste, que en
silencio se ha ido a la hora del alba. )
Raro que no me vista de novia la más leve
de aquellas brisas suaves que durmieron mi infancia.
( Será que entre los árboles va enseñando a mi amado
los surcos inocentes por donde anduve, casta… )
Raro que no me tire su emoción el rocío,
en gotas donde asome risueña la mañana.
( Será que por el surco de angustia del pasado,
con agua generosa mis decepciones baña. )
Soy una amanecida del amor…
En mí cuelgan canciones y racimos de pétalos,
y muchos sueños blancos, y emociones aladas.
Raro que no me entienda el hombre,
conturbado por la mano sencilla que recogió mi alma.
( Será que en él la noche se deshoja más lenta,
o tal vez no comprenda la emoción depurada… )



Como la vida es nada en tu filosofía, brindemos por el cierto no ser de nuestros
cuerpos. Brindemos por la nada de tus sensuales labios que son ceros sensuales en
tus azules besos; como todo azul, quimérica mentira de los blandos océanos y de
los blancos cielos.
Brindemos por la nada del material reclamo que se hunde y se levanta en tu carnal
deseo; como todo lo carne, relámpago, chispazo, en la verdad mentira sin fin del
Universo.
Brindemos por la nada, bien nada de tu alma, que corre su mentira en un
potro sin freno; como todo lo nada, buen nada, ni siquiera se asoma de repente en
un breve destello.
Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno; por esta siempre
nada de nuestros nunca cuerpos; por todos, por los menos; por tantos y tan nada;
por esas sombras huecas de vivos que son muertos.
Si del no ser venimos y hacia el
no ser marchamos, nada entre nada y nada, cero entre cero y cero, y si entre nada
y nada no puede existir nada, brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos.




Te quiero... y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.
Te quiero en los arroyos pálidos que viajan en la noche,
y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.
Te quiero en aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos que huyó su nave
blanca hasta el agua sin ondas donde nadaban tristes, tu voz y mi canción.
Te quiero en el dolor sin llanto que tanta noche
ha recogido el sueño en el cielo invertido en mis pupilas
para mirarte cósmica, en la voz socavada de mi ruido de
siglos derrumbándose.
Te quiero (grito de noche blanca) en el insomnio reflexivo
de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.
Te quiero... Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas, y va rompiendo
sombras y alcanzando tu imagen desde el punto
inocente donde soy yerba y trino.

Nada turba mi ser, pero estoy triste.
Algo lento de sombra me golpea, aunque casi
detrás de esta agonía, he tenido en mi mano las estrellas.
Debe ser la caricia de lo inútil, la tristeza sin fin de ser poeta,
de cantar y cantar, sin
que se rompa la tragedia sin par de la existencia.
Ser y no querer ser...es la divisa, la batalla que agota toda espera, encontrarse, ya el
alma moribunda, que en el mísero cuerpo quedan fuerzas.
¡Perdoname, oh, amor si no te nombro! Fuera de tu canción soy ala seca. La
muerte y yo dormimos juntamente... Cantarte a ti, tan solo, me despierta.


Por tu vida yo soy… en tus ojos yo vivo la armonía de lo
eterno.
La emoción se me riega, y se ensancha mi sangre por las
venas del mundo.
No doy ecos partidos.
Lo inmutable me sigue resbalando hasta el fondo de mi
propia conciencia.

En ti yo amo las últimas huidas virginales de las manos del
alba, y armando lo infinito te quiero entre las puertas
humanas que te enlazan.
En ti aquieto las ramas abiertas del espacio, y renuevo en mi
arteria tu sangre con mi sangre.
Te multiplicas !

Creces !
Y amenazas quedarte con mi prado salvaje !
Eres loca carrera donde avanzan mis pasos, atentos como
albas al sol germinativo que llevas en tu impulso.
Por tu vida yo soy alta mar y gaviota: en ella vibro y
crezco…


Corno cuando se abrieron por tus sueños mis párpados,
rota y cansadamente, acoge mi partida.

Como si me tuvieras nadando entre tus brazos,
donde las aguas corren dementes y perdidas.

Igual que cuando amaste mis ensueños inútiles,
apasionadamente, despídeme en la orilla...

Me voy como vinieron a tus vuelos mis pájaros,
callada y mansamente, a reposar heridas.

Ya nada más detiene mis ojos en la nube...
Se alzaron por alzarte, y ¡qué inmensa caída!

Sobre mi pecho saltan cadáveres de estrellas
que por ríos y por montes te robé, enternecida.

Todo fue mi universo unas olas volando,
y mi alma una vela conduciendo tu vida...

Todo fue mar de espumas por mi ingenuo horizonte...
Por tu vida fue todo, una duda escondida.

¡Y saber que mis sueños jamás solos salieron
por los prados azules a pintar margaritas!

¡Y sentir que no tuve otra voz que su espíritu!
¡Y pensar que yo nunca sonreí sin su risa!

¡Nada más! En mis dedos se suicidan las aves,
y mis pasos cansados ya no nacen espigas.

Me voy como vinieron a tu techo mis cielos...
fatal y quedamente, a quedarme dormida...

Como el descanso tibio del más simple crepúsculo,
naturalmente trágico, magistralmente herida.

Adiós. Rézame versos en las noches muy largas..
En mi pecho sin lumbre ya no cabe la vida...



De tu existencia múltiple dame la hora perdida..
cuando vacío de todo, no sientas ni la vida..

Cuando te encuentres solo, tan lejos de ti mismo
que te pese la mera conciencia del mutismo..

Cuando estés tan distante del farsante murmullo
que deshagas la fórmula de tu arrogante orgullo..

Entonces, ya vacío de todo, con tu nada
acércate a mi senda y espera mi llegada..

Yo te daré la nota más cierta de mi vida..
Tú me darás la nada de tu hora perdida..

Yo te daré inquietudes, sentidas emociones
que turben tu vacío y broten en canciones..

Tú me darás la nada de la inmortal mentira
de eternizar las cosas en su inmortal mentira..

Yo te daré verdades de todo lo tangible
para pesar la nada de tu vida insensible..

Y así, tú te darás en mí como si fuera
mi vida un aletazo de la ida primavera..

Que nunca ha sido, y siempre se extiende en nuestras almas..
como verdad de nada, igual que las no almas..

Y yo me daré en ti como futuro incierto..
de tiempos que no han sido, y canción que no ha muerto..

Y alzaremos en ritmo vibrante y alocado..
la sublime mentira de habernos encontrado..

Yo.. en la nada insensible de tu hora perdida..
y tú en la también nada de mi frívola vida..





 


 



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