Búsqueda personalizada
Hay algo muy sutil y muy hondo en volverse a mirar el camino andado.......
El camino en donde, sin dejar huella, se dejó la vida entera.

                         Dulce María Loynaz

 

(1903-1997)

Poeta y narradora cubana, nacida en La Habana. Perteneciente a una familia de antiguo arraigo y elegante riqueza, los Loynaz del Castillo, estudió leyes y viajó por buena parte del mundo, residiendo en España y afincándose finalmente en su país, donde perteneció a la Academia Cubana de la Lengua y obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1986. En 1992 le fue concedido en Madrid el Premio Cervantes. Su obra se inscribe en la tradición de un tardío modernismo, notorio en el cuidado preciosista de la expresión y el léxico, así como en el constante lirismo de su prosa, cuando la practica, y en el recurso habitual a las impresiones del entorno, reelaboradas poéticamente. 
Textos: 
Tiempo 

Galardones: 
Cervantes (1992) 

OBRAS PUBLICADAS

 

La obra publicada por Dulce María Loynaz es, relativamente, poco extensa.
Comprende varios libros de poesía: 
Versos, 1920-1938 (1938)
juegos de agua (1946)
Poemas sin nombre (1953)
Obra lírica (1955)
últimos días de una casa (1958)
Poesías escogidas (1985)
Bestiarium, La novia de Lázaro y Poemas náufragos (1991).
Además, la novela lírica jardín (1951), que es una de sus obras más conocidas
y un libro excepcional sobre las Islas Canarias: Un verano en Tenerife (1958). 
Sus numerosos ensayos y artículos periodísticos aún esperan ser recopilados.

 

 






 

 

No quiero, si es posible, 
que mi beneficio desaparezca, 
sino que viva y dure toda la vida de mi amigo. 

                                                                  Séneca

En mi jardín hay rosas: Yo no te quiero dar las rosas que mañana...
Mañana no tendrás. 

En mi jardín hay pájaros con cantos de cristal: No te los doy,
que tienen alas para volar ... 

En mi jardín abejas labran fino panal: ¡Dulzura de un minuto...
no te la quiero dar! 

Para ti lo infinito o nada;
lo inmortal o esta muda tristeza que no comprenderás ...
La tristeza sin nombre de no tener que dar
a quien lleva en la frente algo de eternidad ...

Deja, deja el jardín...
no toques el rosal: Las cosas que se mueren no se deben tocar. 


Amar la gracia delicada
del cisne azul y de la rosa rosa; 
amar la luz del alba y la de las estrellas que se abren
y la de las sonrisas que se alargan... 
Amar la plenitud del árbol, 
amar la música del agua
y la dulzura de la fruta y la dulzura de las almas dulces.... 
amar lo amable,
no es amor: 

Amor es ponerse de almohada para el cansancio de cada día; 
es ponerse de sol vivo
en el ansia de la semilla ciega que perdió el rumbo de la luz, 
aprisionada por su tierra, vencida por su misma tierra... 

Amor es desenredar marañas de caminos en la tiniebla: 
¡Amor es ser camino y ser escala! 
Amor es este amar lo que nos duele,
lo que nos sangra por dentro...

Es entrarse en la entraña de la noche
y adivinarle la estrella en germen... 
¡La esperanza de la estrella!...


Amor es amar desde la raíz negra.
Amor es perdonar; 
y lo que es más que perdonar,
es comprender... 
Amor es apretarse a la cruz,
y clavarse a la cruz,
y morir y resucitar ...

¡Amor es resucitar!




(Muchacha que hace flores artificiales)

Dedico estos veros a la señorita
Mercedes Sardzñas, heroína anónima
A ella devotamente.

Cheché es delgada y ágil. Va entrada en el otoño.
Tiene los Ojos mansos y la boca sin besos...
Yo la he reconocido en la paz de una tarde
como el Hada -ya mustia...- de mi libro de cuentos.

Cheché es maravillosa y cordial;
vuela sin alas por calles y talleres.
En invierno hace brotar claveles y rosas y azucenas
con un poco de goma y unas varas de lienzo ...

Esta Cheché hace flores artificiales.
Ella es la abastecedora de escuelas y conventos...
¡La primavera la hace florecer como a tierra virgen!...
Y la deshoja y la sacude en pétalos ...

Ella tiene la altura de los lirios pascuales en sus manos;
y tiene que pasar por sus dedos la mística corona
para la niña de Primera Comunión, enviada desde el cielo ...

Cheché no llora nunca. 
Ni necesita cantos en su trabajo largo, silencioso, ligero...
Es seria sin ser agria;
es útil sin ser tosca;
es tierna sin blanduras
y es buena sin saberlo ...

Yo no sé de árbol fuerte más fuerte que su alma...
Ni de violeta humilde comparable a su gesto.
Ni se de ojos de niño más puros que sus ojos,
ni de música grata aún más que su silencio ...

Ella es la Primavera Menor,
la Segadora de prados irreales, de jardines inciertos...
¡Ella es como un rosal vivo!...Como un rosal:
¡Cuando ya hasta las flores su aroma van perdiendo,
yo he encontrado en las flores de Cheché la fragancia de los antiguos mayos,
de los cerrados huertos!...
Más que un clavel me huele a clavel su inocente clavel de trapo...
¡Y más que otras tierras 
yo creo que serviría para sembrar una esperanza 
la poca tierra humilde y noble de su pecho!...





Dulzura de sentirse cada vez más lejano.
Más lejano y más vago... 
Sin saber si es porque las cosas se van yendo
o es uno el que se va. 
Dulzura del olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla... 
Dulzura de sentirse limpio de toda cosa. 
Dulzura de elevarse y ser como la estrella inaccesible y alta, 
alumbrando en silencio...
En silencio,
Dios mío!...





Si yo no hubiera sido....
¿qué sería en mi lugar?

¿Más lirios o más rosas?
0 chorros de agua 
o gris de serranía
o pedazos de niebla
o mudas rocas

De alguna de esas cosas -la más fría
me viene el corazón que las añora.
Si yo no hubiera sido,
el alma mía repartida pondría en cada cosa una chispa de amor...

Nubes habría
-las que por mi estuvieran- mas que otras nubes,
lentas... (¡la nube que podría haber sido!... )

¿En el sitio, en la hora de qué árbol estoy, de qué armonía más asequible y útil?
Esta sombra tan lejana parece que no es mía.

Me siento extraída en mi ropaje 
¡y rota en las aguas,
en la monotonía del viento sobre el mar,
en la paz honda del campo,
en el sopor del mediodía!...

¡Quién me volviera a la raíz remota 
sin luz, sin fin, sin término y sin vía! 






El beso que no te di
se me ha vuelto estrella dentro...

¡Quién lo pudiera tornar
-y en tu boca...- otra vez beso!

Quién pudiera como el río ser fugitivo y eterno:
Partir, llegar, pasar siempre y ser siempre el río fresco ...

Es tarde para la rosa.
Es pronto para el invierno.
Mi hora no está en el reloj...
¡Me quedé fuera del tiempo!

Tarde, pronto, ayer perdido mañana inlogrado, incierto hoy 
¡Medidas que no pueden fijar, sujetar un beso!

Un kilómetro de luz,
un gramo de pensamiento
(De noche el reloj que late es el corazón del tiempo)

Voy a medirme el amor con una cinta de acero: 
Una punta en la montaña.
La otra... ¡clávala en el viento! ...





Está bien lo que está:
Sé que todo está bien.
Sé el Nexo.
Y la Razón.
Y hasta el Designio.
Yo lo Sé todo,
lo aprendí en un libro sin páginas, sin letras y sin nombre ...

Y no soy como el loco que se quema los dedos trémulos
por separar la llama rosa de la mecha negra ...




Pasó volando y me rozó la frente...
Era buena la Vida:
Había rosas.
Unos minutos antes me había sonreído un niño...
Pasó volando y me rozó la frente.

No sé por dónde vino ni por dónde se perdió luego pálida y ligera...
No recuerdo la fecha.
No sabría decir de qué color era ni de qué forma;
no sabría, de veras, decir nada.

Pasó volando... -había muchas rosas...
y era buena la Vida todavía...-






Padre nuestro que estás en la tierra;
en la fuerte y hermosa tierra;
en la tierra buena:

Santificado sea el nombre tuyo
que nadie sabe;
que en ninguna forma 
se atrevió a pronunciar este silencio
pequeñito y delicado....
este silencio que en el mundo somos nosotras las rosas ...

Venga también a nos, las pequeñitas y dulces flores de la tierra, 
el tu Reino prometido ...

Hágase en nos tu voluntad, 
aunque ella sea que nuestra vida sólo dure lo que dura una tarde ...

El sol nuestro de cada día, 
dánoslo para el único día nuestro ...

Perdona nuestras deudas
-la de la espina,
la del perfume cada vez más débil, 
la de la miel que no alcanzó para la sed de dos abejas...-,
así como nosotras perdonamos a nuestros deudores los hombres,

que nos cortan, nos venden y nos llevan a sus mentiras fúnebres,
a sus torpes o insulsas fiestas ...

No nos dejes caer
nunca en la tentación de desear la palabra vacía
-¡el cascabel de las palabras!...-,
ni el moverse de pies apresurados,
ni el corazón oscuro de los animales que se pudre...

Mas líbranos de todo mal.
Amén.








He de amoldarme a ti como el río a su cauce, como el mar a su playa, como la espada a su vaina.

He de correr en ti, he de cantar en ti, he de guardarme en ti ya para siempre.

Fuera de ti ha de sobrarme el mundo como le sobra al río el aire, al mar la tierra, a la espada la mesa del convite.

Dentro de ti no ha de faltarme blandura de limo para mi corriente, perfil de viento para mis olas, ceñidura y reposo para mi acero.

Dentro de ti está todo; fuera de ti no hay nada.

Todo lo que eres tú está en su puesto; todo lo que no seas tú me ha de ser vano.

En ti quepo, estoy hecha a tu medida; pero si fuera en mí donde algo falta, me crezco... Si fuera en mí donde algo sobra, lo corto.




Ayer me bañé en el río. El agua estaba fría y me llenaba el pelo de hilachas de limo y hojas secas.

El agua estaba fría; chocaba contra mi cuerpo y se rompía en dos corrientes trémulas y oscuras.

Y mientras todo el río iba pasando, yo pensaba qué agua podría lavarme en la carne y en el alma la quemadura de un beso que no me toca, de esta sed tuya que no me alcanza.




Si dices una palabra más, me moriré de tu voz, que ya me está hincando el pecho, que puede traspasarme el pecho como una aguda, larga, exquisita espada.

Si dices una palabra más con esa voz tuya, de acero, de filo y de muerte; con esa voz que es como una cosa tangible que yo podría acariciar, estrujar, morder; si dices una palabra más con esa voz que me pones de punta en el pecho, yo caería atravesada, muerta por una espada invisible, dueña del camino más recto a mi corazón.

En Poemas sin nombre, Madrid,1953, Agencia Literaria Latinoamericana., La Habana, Cuba.