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Matilde Alba Swann, es el seudónimo de Matilde Kirilovsky de Creimer. (24/2/12), hija de Alaquin Kirilovsky y Emma Ioffe. Casada con Samuel Creimer, cinco hijos; Abogada (1933), recibida a los 21 años en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. 

Ejerció la profesión durante más de 50 años con el respeto y cariño de sus colegas. Se la recuerda logrando la absolución de la recordada uxoricida Remberta Nieves, o interponiendo resonantes acciones de amparo persiguiendo mejorar la situación de los indefensos. Extracción de sangre de menores tutelados; sufragio de los menores tutelados. Trato inhumano a los internados del Hospital Melchor Romero. Fue asesora en temas de minoridad del Ministerio de Acción Social, del Ministerio de Salud y de diversos Gobernadores de la Provincia de Buenos sin distinción de banderías políticas.

En poesía publica ocho libros de poemas: Canción y grito (1955); Salmo al retorno (1956); Madera para mi mañana (1957); Tránsito del infinito adentro (1959); Coral y remolino (1960), Grillo y cuna (1971); Con un hijo bajo el brazo (1978); Crónica de mi misma 1980. Recibe innumerables premios, menciones y honores, entre los que se destacan su promoción para el premio Nobel de Literatura 1992; premio Santa Clara de Asís de 1991; Premio Provincia de Buenos Aires -poesía- 1991; recibe una de las primeras "Orden del Buen Vecino", premio Municipal de Literatura de La Plata; 3er. Premio de poesía Augusto Mario Delfino, fajas de honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia; Ofrenda de las Instituciones representativas y fuerzas vivas de La Plata por su dedicación de eminente poeta y eterna defensora de la minoridad.- Recibió la estatuilla Stella Maris. Integró jurados de premios nacionales como el "Forti Glori", provinciales y municipales; Mención del Club Universitario de La Plata; Mención de la Asociación Femenina de Periodistas del Perú; Integró la comisión de honor del Primer Encuentro Latinoamericano de poetas; Fue designada Mujer Notable de la Comunidad, por el Rotary Internacional Filial La Plata; Premio Dedicación a la Minoridad otorgado por el Ateneo; Rotario; la Biblioteca Braille le tradujo su ultimo libro al idioma Braille; Accésit al premio Almafuerte; 2do. Premio de Poesía Ilustrado Municipalidad de La Plata - 1971; 3er. Premio de Poesía Ilustrada Municipalidad de La Plata; 2do. Premio de Asociación Judicial Bonaerense.

Como periodista condujo audiciones de literatura en las radios Provincia de Buenos Aires y Universidad de La Plata; fue colaboradora permanente del Diario El Día de La Plata. Fue corresponsal de guerra del Diario El Día en la guerra de las Malvinas; fue colaboradora de la Página literaria del Diario La Capital de Mar del Plata.

Falleció en La Plata, el 13 de setiembre de 2000.




De pronto
nos pondremos
muchísimo más viejos.
Sin darnos cuenta cómo, ni cuando
de improviso,
las altas sienes y hondas del cielo
serán blancos
rebaños
como espectros.
El aire, la muralla
de encierro y este estrecho
camino de escaparnos,
el techo, las paredes, y el llanto
que nos llore del fondo
de los fosos,
lo dentro y el contorno,
lo todo nuestro entero, nosotros
nos pondremos de golpe, como al golpe
de un hacha
sin anuncio, sin muestra, sin sospecha,
sin nada prediciendo, diciéndonos
más viejos.
De pronto,
uno tras uno, los nombres
que supimos nomás durante el sueño,
vendrán.
Vendrán las manos ausentes
de un viajero diciendo adiós a nadie.
Lo vimos cuando nadie partía
y sin embargo
llorábamos.
Peldaño
uno tras uno, vendrán
encapuchados, oscuros, de improviso
será de noche, todas
las sombras
tendrán sitio,
será como un recuerdo de miedos
superado ya el miedo,
pero sombras.
Un nudo se nos hace la imagen
desde el fondo
crispado, hondo, debajo
de todas las raíces hambrientas
del espejo.
Seremos de improviso dos náufragos
nosotros, y el otro
que nos diga tocándonos el hombro,
ya es tarde.
Como el filo
del remo cuando hiende las aguas
río abajo,
ya es tarde,
desde siempre
sabremos que fue tarde,
de pronto.

                                         Grillo y cuna - 1971





Cuando sepas
descubrir en aquel más tosco y feo,
un motivo escondido de belleza.

Cuando quieras permanecer paciente chispa tuya,
a dar lumbre a la mente
más opaca de todas las que enciendas.

Cuando ofrendes 
tu bondad más abierta
para el solo más solo de la escuela,
y te brindes al más pobre en sonrisas de riqueza.

Cuando sepas y quieras 
y revivas 
tu vibración de infancia 
en cuerda nueva,
y te cumplas.
sentimiento camino hacia la idea,
será el tiempo arribado 
de ese nombre 
merecido recién por ti ,
maestra....! 

                      (Con un hijo bajo el brazo- 1991)





Marina,
nombre de algas.
Una orilla surcada de castigos
la dimensión entera de tu infancia.
Marina,
voz de olas,
la marchita corola de tus días
y undespojo de aromas
te distancia.
Se me borra tu forma,
y amaneces en nueva imagen niña.
Tú tenías dos ojos como aguas
y dos miedosas corzas cristalinas.
Tú tenías un corazón caliente como un pájaro
y guardabas leyendas apretadas en tu pecho,
y soñabas.
Onda tímida,
tu desnuda niñez en roja llaga
con la búsqueda vana del refugio,
y un mutismo de pluma
por tus alas.
En esas huellas de dolor morado
arrancaron tus pasos.
Marina,
voz de espuma,
congelada lágrima,
y un olvido de niebla tus rubores,
se me ahoga tu nombre en la garganta.
Doblada rama,
ya no temes, ni sueñas, ni te escondes.
Breve estío,
tus hojas de cristal hacen añicos
y maduran los pinos de tu almohada.
Marina,
voz de bruma,
remotísima gota de agua limpia,
todos pudimos proteger tu infancia.
Culpa nuestra,
tu lejana blancura sumergida.
Voz de hondura,
me remuerde en sollozos tu impudicia,
y te rezo cada vez que ríes,
y te canto,
y desangro
mi ternura a tu ayer, en elegía.
                         

                                Salmo al Retorno - 1956



Después de aquellos dulces
que me traía
mi padre,
dónde
hallar la ternura.
No tengo la moneda de plata
para el viaje,
y en este centavito recuerdo
que aprisionan
mis manos diminutas de entonces
todavía
calientes de sus manos,
transcurro.

Nunca tuve, después de su silencio,
ya dádiva
tan tierna. Los hombres
con su tránsito pago
me contemplan
mezclada a los colores
difusos del paisaje.
Como una pensativa columna
de algún templo
destruído
mi transcurso
desliza como el día sin pasos
de la piedra
que, sin embargo crece.
Y estoy surcando mares,
montañas, almas,
vidas,
la mía propia, mundos,
sin más nada que el tibio
centavo,
centavito ternura
de mi infancia.

Mis hijos ya crecieron
en propios hijos;
sueño;
quisiera ser de nuevo pequeña,
tener padre.

                   (Con un hijo bajo el brazo- 1991)





Ni música en la carne,
ni rastro sobre el suelo sin sol
de la memoria,
ni fibra de sentirme,
estío de mis ramas rosadas de durazno
por qué no me quisiste.

Entonces no tenía más forma ni sustancia
que aquella estremecida
consistencia de amarte.
Remanso en luna nueva,
corola en piel de llanto,
camino a ser y suelta
mi voz en la nevada canción de los naranjos.
De polvo y soplo apenas, levísima
cabría, en una sola gota de altura que bebieras,
en una miga sola del pan de tus sentidos.
Asombro de una sombra prendida
de luciérnagas
mi espacio se abriría recién desde tu huella
mi carne en tu caricia, mis huesos
en el zumo bullido de tu simebra.

Temprana y refulgida,
primer trazo del alba, gozosa
como el grito mordido entre dos bocas,
y pura, como el arpa mirada de las nubes
meciendo sus cadencias de crin
en la montaña.
Racimos inminentes y vinos, la promesa
guardada de mis huertos dormidos todavía.
Letargo de amapolas cantadas de rocío
y un éxtasis de nardo.
Las verdes estaciones de rosas repetidas,
mi largo sueño en alas.

Transcurso del sin tiempo
la pausa intermitente, vacía que entristece
de luces en los pasos ovales de lluvia.
El ámbar de mis hojas, un hondo invierno en vena
y un suelo resignado de ausencias
que perdona.

                                         Grillo y cuna - 1971





Llévame contigo, vagabundo.
Flautas lejanas desenroscan auroras,
y un llamado de bocas polvorientas
abre puerta en la sombra.
Quiero encender mi huella en tu costado,
y lanzarme al asombro del camino
a pisotear el viento con mis hojas,
a morder el aroma de los campos,
a beberme las luces del rocío.
Quiero salir contigo, vagabundo,
a tu abierto refugio, olor a tierra,
resonancia de mundos ya dormidos,
inclinada visión de sembradores
sobre el trémulo surco, y gusto a lluvia.
Llévame los senderos de tu carne,
aguda espina,
hambre en tu hambre,
sed reseca a tu sed, y distendida
en tu imagen volcándose en el agua.
Llévame contigo, piel adentro,
tus abismos y cumbres,
cuerda herida,
en la gris mordedura de la duda,
en la verde creencia de que existes,
en la roja certeza de tu angustia.
llévame como sea, piel afuera,
en el silbido azul con el que asciendes
al rumor de la noche,
y en la pálida pausa que despliegas
tu fraternal latido contra el suelo.
En el diurno crujido de tu paso,
de tu paso gigante y optimista,
y en el displicente,
filosofal
contorno de tu huella.
Llévame en el corcel de tu realeza,
en el mudo cortejo de tus sombras.
En tu trashumante imperio
de leyendas contadas
por ancianas
plantas;
de horizontes ceñidos en pupila;
de alucinados soles,
polen de alas;
de núbiles estrellas,
y estáticas corolas de distancia.
Llévame en el pudor de tu dulzura,
en el tramo final de tu silencio,
en la isla de paz que hay en tus aguas
cuando beben tus manos en la lluvia,
cuando miras los pájaros sonriendo.
Llévame en tu tristeza vagabundo,
y en tu pureza
auténtica.

                                   Salmo al Retorno - 1956



Todo mi ser en hueco de regazo,
hincada estoy al pie de las estrellas...

Blanca canción para un desvelo blanco
en torno a la imposible cabecera.

En mis labios resecos de fatiga
declina la corola de mis besos,
y en mis manos se sueltan diez caricias
en pos de una maraña de cabello.
Aroma a leche y a verde hierba tierna,
yo contemplo mis pechos,
con pudor todavía y desaliento.

Rigidez vertical de mis caderas
negando la opulencia de mi anhelo.
Todo mi ser en hueco de regazo,
y en la brisa rumor de balbuceo,
y una boca pequeña, tibios labios
agitando su sed sobre mi seno.
Extendidas mis aspas hacia el viento,
en inútil follaje, sangro y siento
que en el contorno de mi copa muero.

Y aquí sobre mi lengua la palabra
que no puedo decir porque no tengo,
la voz que se levante de mi sangre,
la voz que se desprenda de mis huesos.
Vana raíz, inútil crecimiento,
más allá de mi piel y mi cabello,
no habrá nada de mí, para lo eterno.

Tengo miedo del peso de la tierra
sobre mi cuerpo quieto,
del mordisco final sobre mi carne,
del martillo que hará polvo mis huesos.

Tengo miedo de morir conmigo...!
Si yo pudiera con mi propia mano,
hurgar mi raíz bajo la tierra
y matar su gusano,
si pudiera llegar, rojo camino, hasta la fibra
del siglo, estrujarla, y morderla,
hasta escuchar su grito.

Todo mi ser en huelgo de regazo
asfixiándome en este tronco seco,
y esta caricia gimiendo por mis dedos,
y la canción azul que se me duerme,
y esa boca voraz buscando el seno,
y esta cuna que sin cesar se mece
movida en el espacio
por el viento...

                            Con un hijo bajo el brazo- 1991







 





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