Hoy vuelvo de países que están muertos,
después de un mar que no me dijo nada,
porque el único viaje es el amor.
                             Maria Elena Walsh

 

Búsqueda personalizada

María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía, suburbio de la ciudad de Buenos Aires y falleció en 2011. Caserón grande, con patios y gallinero, un pomerania negro, rosales, gatos, limoneros y naranjos y una higuera muy cómoda sobre cuyas ramas la hija rubia y pecosa de «un inglés del ferrocarril» leía durante la siesta de los mayores Los Tres Mosqueteros, Robinson Crusoe y La Cabaña del Tío Tom. Antes de finalizar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes, a los diecisiete años, escribió su primer libro: Otoño Imperdonable, libro de poemas que mereciera el segundo premio Municipal de Poesía. Ya antes, en 1945, había publicado sus primeros versos en la legendaria revista El Hogar y en el suplemento literario de La Nación.
En 1948, viajó a los Estados Unidos invitada por Juan Ramón Jiménez. En 1952 partió hacia Europa, radicándose en París durante cuatro años. Allí, con Leda Valladares, formó un dúo que se dedicó a difundir el folclore argentino, recibiendo premios y el aplauso del público. Es en esa época también que comienza a escribir versos para niños.
Desde 1959 escribe guiones para TV, obras de teatro, canciones para niños. Las canciones de sus obras de teatro (Canciones para mirar, Doña Disparate y Bambuco, etc.), la letra y la música de sus canciones son cantadas por millares de niños en la Argentina, generación tras generación, quienes participan del mundo de fantasía e ingenio que les propone María Elena Walsh. 

(fuente:"María Elena Walsh", de Alicia Dujovne, 1982 )

 

Yo me nazco, yo misma me levanto,
organizo mi forma y determino
mi cantidad , mi número divino,
mi régimen de paz, mi azar de llanto.
Establezco mi origen y termino
porque sí, para nunca, por lo tanto.
Soy lo que se me ocurre cuando canto.
No tengo ganas de tener destino.
                     María Elena Walsh





Porque me duele si me quedo 
pero me muero si me voy, 
por todo y a pesar de todo, mi amor, 
yo quiero vivir en vos. 

Por tu decencia de vidala 
y por tu escándalo de sol, 
por tu verano con jazmines, mi amor, 
yo quiero vivir en vos. 

Porque el idioma de infancia 
es un secreto entre los dos, 
porque le diste reparo 
al desarraigo de mi corazón. 

Por tus antiguas rebeldías 
y por la edad de tu dolor, 
por tu esperanza interminable, mi amor, 
yo quiero vivir en vos. 

Para sembrarte de guitarra, 
para cuidarte en cada flor 
y odiar a los que te castigan, mi amor, 
yo quiero vivir en vos. 






Te acordás hermana qué tiempos aquellos, 
la vida nos daba la misma lección. 
En la primavera del 45 
tenias quince años lo mismo que yo. 

Te acordás hermana de aquellos cadetes, 
del primer bolero y el té en El Galeon 
cuando los domingos la lluvia traía 
la voz de Bing Crosby y un verso de amor. 


Te acordás de la Plaza de Mayo 
cuando «el que te dije» salía al balcón. 
Tanto cambió todo que el sol de la infancia 
de golpe y porrazo se nos alunó. 
Te acordás hermana qué tiempos de seca 
cuando un pobre peso daba un estirón 
y al pagarnos toda una edad de rabonas 
valia más vida que un millón de hoy. 
Te acordás hermana que desde muy lejos 
un olor a espanto nos enloqueció: 
era de Hiroshima donde tantas chicas 
tenían quince años como vos y yo. 


Te acordás que más tarde la vida 
vino en tacos altos y nos separó. 
Ya no compartimos el mismo tranvía, 
sólo nos reúne la buena de Dios. 





Tantas veces me mataron, 
tantas veces me morí, 
sin embargo estoy aqui 
resucitando. 
Gracias doy a la desgracia 
y a la mano con puñal 
porque me mató tan mal, 
y seguí cantando. 


Cantando al sol como la cigarra 
después de un año bajo la tierra, 
igual que sobreviviente 
que vuelve de la guerra. 

Tantas veces me borraron, 
tantas desaparecí, 
a mi propio entierro fui 
sola y llorando. 
Hice un nudo en el pañuelo 
pero me olvidé después 
que no era la única vez, 
y volví cantando. 

Tantas veces te mataron, 
tantas resucitarás, 
tantas noches pasarás 
desesperando. 
A la hora del naufragio 
y la de la oscuridad 
alguien te rescatará 
para ir cantando. 







Duerme tranquilamente que viene un sable 
a vigilar tu sueño de gobernante. 

América te acuna como una madre 
con un brazo de rabia y otro de sangre. 

Duerme con aspavientos, duerme y no mandes 
que ya te están velando los estudiantes. 

Duerme mientras arriba lloran las aves 
y el lucero trabaja para la cárcel. 

Hombres, niños, mujeres, es decir: nadie, 
parece que no quieren que tú descanses. 

Rozan con penas chicas tu sueño grande. 
Cuando no piden casas, pretenden panes. 

Gritan junto a tu cuna. 
No te levantes aunque su grito diga: «Oíd, mortales». 

Duermete oficialmente, sin preocuparte, 
que sólo algunas piedras son responsables. 

Que ya te están velando los estudiantes 
y los lirios del campo no tienen hambre. 

Y el lucero trabaja para la cárcel. 




Aquí yace una pobre mujer
que se murió de cansada.
En su vida no pudo tener
jamás las manos cruzadas.
De este valle de trapo y jabón
me voy como he venido,
sin más suerte que la obligación,
más pago que el olvido.
Aleluya, me mudo a un hogar
donde nada se vuelve a ensuciar.
Nadie me pedirá de comer
en mi última morada
no tendré que planchar ni coser
como condenada.
Cantan ángeles alrededor
de la eterna fregona
y le cambian el repasador
por una corona.
No lloréis a esta pobre mujer
porque se encamina
a un hogar donde no hay que barrer,
donde no hay cocina.
Aleluya esta pobre mujer
bienaventurada,
ya no tiene más nada que hacer
y ya no hace nada.









La Música de esta Página

"Serenata para la tierra de uno"

Maria Elena Walsh